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En el sector público…

En el sector público…
Imágenes de funcionarios de la Contraloría General de la República. LP Elysée Fernández

Para desempeñarse en cualquier cargo, desde el más encumbrado hasta el más sencillo, hay que saber hacer el trabajo. Simple.

Antes de ser ingeniero, trabajé en una obra. Era secretario, oficinista, supervisor de asistencia y, además, almacenista. Había que mantenerse en movimiento frecuente, dentro y fuera de la oficina.

No fue un error. Mis superiores vieron la oportunidad de forzarme a enfrentar una de las actividades más difíciles del campo de la construcción y me llevaron a ello.

Tener la responsabilidad de los materiales y lidiar con el recurso humano son dos de las tareas más difíciles en una obra. Entregar las temidas “cartas” de finalización de actividad a gente con la que habías compartido tiempo, almuerzos y conversaciones es muy difícil. Del mismo modo, saber cuánto hay de cada cosa, en números exactos, era imperativo.

No me imagino qué habría pasado si, al final del día, mi jefe me preguntaba: “¿Cuántos bloques hay?”, y yo le hubiese respondido: “Entre 305 y 500 bloques, ingeniero”. Mi carrera en construcción habría sido muy corta. Una diferencia de 195 bloques quería decir que, o nos habíamos equivocado en el cálculo de bloqueo, o alguien los estaba hurtando.

De la manera que fuera, era mi responsabilidad, porque no solo se trata del material faltante, sino del atraso que eso acarrearía para la jornada de trabajo, en tiempo perdido de personal y en dinero. Fijo que al día siguiente habría recibido una “carta” yo también.

Así de seria es la vida real, pero no ocurre algo parecido en el sector público.

En el sector público te equivocas por varios millones de dólares en un presupuesto y no habrá una carta de despido al día siguiente. En el sector público llevas al fracaso a una institución por tu incapacidad manifiesta o por corrupción, presentas tu renuncia y, encima, exiges liquidación y prestaciones. Jamás irás preso, y menos si eres amigo del poder.

En el sector público te enriqueces a costa del erario y luego exiges respeto a aquellos que piden rendición de cuentas, mientras inventas leguleyadas que te permitan irte a vivir a otro país que no tenga tratados de extradición para gozar de lo birlado al Estado.

En el sector público, los nombramientos son hereditarios. Aquellos con los apellidos correctos jamás tendrán que competir por un puesto importante y bien remunerado, porque el mérito no es un requisito.

En el sector público, a improvisar se le llama gestión administrativa. La asistencia es opcional y los resultados jamás son importantes. Lo importante es hacer propaganda y autobombo de cada pequeña insignificancia politiquera que se pueda, obviamente con dinero público.

En el sector público no hay apuros porque nunca te exigen pruebas de desempeño. No tienes que cumplir metas, así que todo es postergable. Esto genera una enorme desconexión entre aquellos bendecidos por el trabajo gubernamental y el resto de los ciudadanos que tienen que hacer magia para cubrir las obligaciones del hogar, de la vida y los tributos con los que se pagan los salarios de los siempre cómodos y jamás estresados funcionarios del sector público.

“Uy, es que tenemos que trabajar sábado…”, se quejan en una entidad, sin saber que el resto de los mortales siempre trabajamos los sábados y hasta los domingos.

Mientras no se exijan responsabilidades a aquellos que, con sus aciertos o con sus errores, afecten el acontecer del país, nada va a cambiar. Mientras que, con una simple renuncia al puesto, un corrupto pueda irse a gozar de su botín, se cimenta la práctica de que el crimen sí paga en este país.

Mientras los que contaminan las fuentes de agua, enferman y matan ciudadanos sigan libres, acá reinará la impunidad y los delincuentes continuarán haciendo lo que les plazca, como salir de la cárcel a placer, sin que las autoridades sepan a ciencia cierta cuánta gente se escapó.

En el sector público tienen que rendir cuentas, ser responsables de sus actos y entender que trabajan para el pueblo, no al revés.

El autor es ingeniero civil y escritor.


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