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En los 100 años del Hospital Santo Tomás

La colocación de la primera piedra para construir el Hospital Santo Tomás tuvo lugar el 19 de noviembre de 1919 por el Primer Designado y Encargado del poder Ejecutivo, Dr. Belisario Porras. El 1 de septiembre de 1924, el Dr. Belisario Porras, siendo Presidente titular de la República, inaugura el nuevo Hospital Santo Tomás, tal como lo conocemos hoy. El Elefante Blanco cumple 100 años, mañana domingo 1 de septiembre.

La inauguración del Santo Tomás se dio frente a la presencia de miles de ciudadanos que acudieron al gran acontecimiento. Ese día, Belisario Porras dio un discurso donde, en los primeros párrafos, narra cómo le nació la idea de construir este hospital. El discurso se título: “Este hospital es un homenaje a los humildes de mi país”. En ese momento, el Santo Tomás era el hospital más grande de la región. 

La historia cuenta que fue un cuenta cuentos, un coplero, un poeta, un narrador de historias humilde del campo, quien dio la inspiración a Belisario Porras para construir el Santo Tomás. Los cuenteros estamos enmarcados en la historia hospitalaria de la nación sin saber nada de medicina, aunque los cuentos son una forma de bálsamo para el espíritu.

Cuenta el doctor Porras que tenía un amigo, en Las Cocobolas de Las Tablas, que era un cuenta cuentos. Le apodaban Toto. Era un hombre saludable, grande, fuerte, rubio, descendiente de españoles. Durante la revolución, Toto fue jefe de brigada y entretenía al doctor con sus historias para que las jornadas a caballo o a pie fueran menos  fatigadas. Historias como la de Los Churucos o del Micho Colorado, entretenían y sacaban la risa al futuro Presidente de Panamá.  

Toto soñaba con ver a su amigo sentado en la silla presidencial. Cuando Porras ya era Presidente,  recibió una terrible noticia. Toto, su amigo querido que le contaba cuentos, aquel hombre rebosante de salud y puro músculo, había sido aplastado por un toro en las fiestas de Santa Librada, cuando trató de ayudar a una señora a la cual el toro había embestido. El toro le quebró las piernas a aquel cuentero revolucionario. Los curanderos del pueblo quisieron colgarlo por las piernas de la solera en su casa para enderezarlas. Porras intentó llevar a su amigo al hospital Santo Tomás, un asilo que desde 1694 servía para enfermos pobres (la historia hospitalaria en Panamá la podemos leer en un trabajo de Juan Antonio Susto). 

Belisario Porras llega al antiguo Santo Tomás para separar la mejor cama para su amigo cuenta cuentos; el hospital estaba a doscientos metros del cementerio de la ciudad en un lugar bullicioso, él mismo confiesa que no lo conocía y que quedó horrorizado de ver el estado de abandono en que estaba el hospital, pese a que le habían hecho reparaciones. “... más que hospital me pareció uno de los círculos del infierno de Dante, en donde agonizaban, atormentados, numerosos desgraciados...”, escribe Porras. Fue en ese momento cuando pensó que la gente merecía un hospital decente y digno.

Toto nunca fue a la ciudad a recibir atención médica. Tal vez los curanderos le enderezaron las piernas colgándolo de la solera de su casa en Las Cocobolas.  Hoy, en pleno siglo XXI, el Elefante Blanco cuenta con un personal profesional dedicado, con un cuerpo de voluntarios entregados, pero también con más necesidades y más gente enferma. El relato de Toto tiene un significado y contexto que se inserta en la historia hospitalaria como una metáfora de vida y muerte.

Panamá es un país enfermo. Es un país donde la salud es un negocio y los pobres que entristecieron a Belisario Porras hace más de 100 años, ahora son muchos y no conmueven a nadie. Es un país que se enferma a cada día. No solo está enfermo del cuerpo, también están enfermas las estructuras del poder; es un país enfermo del espíritu, de los valores y del culto a la indiferencia que deshumaniza nuestras instituciones.

A Toto no lo mató la pobreza. La  historia de Toto es la metáfora del cuerpo sano que es destruido por la pobreza política, la pobreza de la educación y la pobreza de la cultura que  se han fragmentado, olvidando que el más hermoso proyecto de vida consiste, precisamente, en cuidar la vida como el tesoro más grande que tenemos.  Quiero cerrar este artículo con las palabras de Belisario Porras.

“Sin salud, la vida no es vida; es un sufrimiento y una desesperanza; es una carga pesada para uno mismo, para su familia y para los demás. Es el bien negativo que no se aprecia sino cuando lo perdemos. Es el alma de todo los goces de la vida y el sustentáculo de todos nuestros deberes. Sin ella no hay conciencia, que es la raíz del carácter, ni hay carácter, ni hay valor,  que es lo más esencial del carácter, ni hay razonamientos, que son los resultados del valor. 

Así, pues, las dos grandes cosas que los maestros deben enseñar para sus discípulos son la moralidad y la salud. Sangre limpia y pura y buenas costumbres. No se pueden poseer alegrías y virtudes sin salud y es bien sabido que la alegría es la madre cariñosa de todas las esperanzas y la virtud, el alma de nuestras democracias”.

El autor es escritor


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