Exclusivo

En tiempos de estabilidad administramos recursos; en tiempos de crisis lideramos personas

En tiempos de estabilidad administramos recursos; en tiempos de crisis lideramos personas
Archivo

Desde la sacralidad y el pulso acelerado de las salas de parto y los quirófanos, pasando por la marea implacable de los servicios de urgencias, hasta llegar a las oficinas directivas en hospitales nacionales; en la génesis de proyectos de transformación institucional y en el ojo del huracán que pusieron a prueba la resistencia de organizaciones enteras, en cada uno de esos instantes y, despojado de teorías abstractas, y enfrentado a la realidad pura, he confirmado una lección de liderazgo tan sencilla como profunda:

Durante décadas, la gestión hospitalaria se ha querido encasillar en una fría hoja de cálculo. Habla de presupuestos, productividad, indicadores, infraestructura y planificación estratégica. Todo ello es el armazón indispensable para que una organización moderna sostenga el equilibrio. Sin embargo, cuando la tormenta arrecia y la crisis hace su entrada, se cae el velo. Y descubrimos que el verdadero activo estratégico de un hospital no reside en la solidez de sus muros ni en la sofisticación de sus tecnologías. Reside en el latido de su gente.

Un hospital es una de las creaciones más complejas de la sociedad. En la calma de la normalidad, los manuales y los procesos estandarizados guían el rumbo. Pero cuando irrumpe lo impredecible, las estructuras rígidas se quiebran. La organización deja de depender de sus textos escritos y pasa a depender del ingenio, el conocimiento especializado y la capacidad de sus equipos para abrazar la incertidumbre, innovar sobre la marcha y mantener intacto el compromiso con su misión.

Es ahí, en la frontera de lo desconocido, donde el liderazgo adquiere su dimensión más sagrada y su verdadero valor humano.

Las crisis poseen una virtud implacable: destruyen la ilusión del control absoluto. Nos fuerzan a mirar de frente el abismo de lo incompleto, a tomar decisiones cruciales con recursos fragmentados y bajo el peso de una presión asfixiante. La única vía hacia adelante es encender la inteligencia colectiva, forjar una confianza inquebrantable y unificar las voluntades bajo un propósito compartido.

He visto hospitales superar desafíos que la lógica declaraba imposibles, sostenidos únicamente por el coraje y la entrega extraordinaria de médicos, enfermeras, técnicos, administrativos y personal de apoyo que decidieron entrelazar sus manos por una causa común. Y también, por desgracia, he visto organizaciones bendecidas con la abundancia de recursos naufragar en la irrelevancia porque carecían de un líder capaz de inspirar, escuchar y coordinar a sus almas.

La diferencia la marcaron las personas. Y, de manera más precisa, el espíritu con el que fueron lideradas.

Porque liderar en salud no es un ejercicio de poder ni una jerarquía en un organigrama. Liderar es el arte de sembrar certeza donde reina la duda. Es la templanza para irradiar serenidad cuando el entorno amenaza con desbordarse. Y, sobre todo, es el deber ético de recordarle a cada miembro del equipo que el motivo tiene un solo nombre y un solo norte: el bienestar, la dignidad y la vida del paciente.

Nuestra verdadera misión es un acto de fe y estrategia: utilizar nuestro conocimiento e ingenio para moldear las condiciones perfectas que permitan a cada miembro del hospital dar lo mejor de sí. Cuando el personal se siente cuidado, respaldado e inspirado, ese bienestar se transfiere directamente, como un bálsamo, hacia la cama del enfermo.

Los recursos económicos y materiales, por naturaleza, siempre serán finitos. Las demandas de la sociedad son crecientes y las crisis inevitables. Pero mientras existan equipos cohesionados, guiados por líderes que entiendan que su intelecto debe estar al servicio de la empatía, siempre habrá un camino hacia la excelencia y para cosechar resultados extraordinarios.

Los hospitales no son estructuras de acero ni complejos tecnológicos. Los hospitales son, y serán siempre, personas cuidando de personas. Esa es la esencia más pura, humana y poderosa del liderazgo sanitario.

El autor es médico especialista en Ginecología y Obstetricia y director médico del Hospital Materno Infantil, José Domingo de Obaldia.


LAS MÁS LEÍDAS

  • Cepanim: MEF comenzará entrega a beneficiarios desde el 15 de junio. Leer más
  • La pandemia como excusa: cheques sin justificación, obras fantasma; adónde se fue la plata de la descentralización. Leer más
  • Estudio identifica a Darién como epicentro del virus Oropouche en Centroamérica. Leer más
  • Comisión de Educación pide a Lucy Molinar aclarar creación de nuevas universidades. Leer más
  • El Minsa hace compras a empresa que estuvo vinculada al ministro Fernando Boyd. Leer más
  • El último presupuesto de la rectora de la Unachi: solicita $118.8 millones para 2027. Leer más
  • Declaran causa compleja la investigación contra Héctor Brands. Leer más