En estas fiestas, mientras las luces parpadean y los juegos pirotécnicos iluminan el cielo, es el momento perfecto para reflexionar sobre lo que deseamos para nuestro amado Panamá.
Hemos enfrentado, como sociedad, desafíos significativos en los últimos meses. Existe una evidente vulnerabilidad que no podemos ignorar.
El elevado endeudamiento del país no es una cifra fría: nos afecta a todos y debemos enfrentar su impacto y consecuencias. Revela una innegable fragilidad que demanda nuestra atención. Es un llamado de atención que nos invita a establecer mecanismos que propicien la transparencia y la institucionalidad. Urge combatir la corrupción, una llaga que ha dañado profundamente nuestra gobernabilidad. La corrupción es el ladrón silencioso que ha minado la confianza de los ciudadanos en las instituciones; su impacto es evidente al ver el alto precio que pagamos en escuelas no construidas, hospitales no operativos y programas con costos hundidos exorbitantes.
2024 será el escenario que nos llevará a las urnas en un momento crucial para nuestra nación. Es una oportunidad, un llamado a la acción para elegir líderes que no solo comprendan los retos que enfrentamos, sino que también estén comprometidos a construir un futuro sólido y prometedor.
La corrupción, sombra oscura, no solo ha dañado nuestras finanzas, sino que ha obstaculizado el potencial de Panamá para superar los retos nacionales y las expectativas ciudadanas
Nuestro sistema educativo clama por cambios positivos; la competitividad necesita impulso, y la economía espera ser puesta en marcha ante un modelo económico que da signos de agotamiento. Los retos son muchos: la fe en nuestra capacidad colectiva para superarlos es la luz que guiará nuestro camino.
Las protestas que resonaron semanas atrás fueron un testimonio poderoso del potencial transformador que yace en la unidad y en la voluntad colectiva. Días de lucha que dejaron al descubierto la determinación de una sociedad que se niega a permanecer en silencio ante las injusticias.
No obstante, la lección que emerge de lo ocurrido es que no podemos permitirnos ser esclavos de la mediocridad y de la ignorancia. Las corrientes populares pueden ser poderosas, pero la dirección que tomen debe ser guiada por un discernimiento informado y una visión clara. No debemos sucumbir a la tentación de seguir una corriente solo porque sí. Más bien, debemos abrir nuestras mentes y discernir lo que verdaderamente beneficiará a todos.
En este sentido, la inversión en educación se presenta como una piedra angular para el desarrollo de una sociedad informada y crítica. La educación no solo imparte conocimiento, sino que también nutre la capacidad de análisis y el pensamiento crítico. Es el gran poder que, desde el más humilde niño hasta el ciudadano más experimentado, puede poseer. La exigencia de elevar la calidad de los aprendizajes debe convertirse en una demanda nacional que trascienda, en búsqueda del bien común.
Abrir nuestras mentes no implica aceptar lo que se nos presenta como bueno o malo, sino examinar críticamente lo que verdaderamente es mejor para todos. Cultivar una mentalidad abierta nos permite superar la trampa de la polarización y buscar soluciones que beneficien a la sociedad, siendo la educación el vehículo que nos habilita para tomar decisiones informadas, contribuyendo al desarrollo sostenible y al progreso.
Mi deseo trasciende lo personal: es un llamado a la acción para cada ciudadano. En estas fiestas, recordemos la importancia de la paz y de la conciencia, inspirándonos a trabajar juntos, como una gran familia, para construir un Panamá más fuerte y próspero. Al cerrar el capítulo 2023 y prepararnos para el 2024, recordemos que nuestras decisiones en las urnas tienen el poder de dar forma a nuestro futuro colectivo.
Panamá merece líderes visionarios, comprometidos e íntegros. Es nuestro deber ciudadano elegir con sabiduría. Así podremos mirar hacia adelante con esperanza y confianza en un nuevo comienzo para nuestra nación. Con la mente abierta y el deseo de progresar, instamos a cada panameño a ser arquitecto activo de un futuro lleno de oportunidades y logros compartidos. ¡Que el próximo año sea el testimonio de la resiliencia y del poder de una sociedad decidida a construir un Panamá mejor para todos!
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación
