Entre expresidentes designados, hijos juramentados en el Parlacen, los mismos de siempre en la comisión de presupuestos y el “culillo” a la izquierda que propone cambiarlo todo, parece que no vamos por muy buen camino democrático. Miren las encuestas (y duden de ellas, pero no las pierdan de vista) y verán a cuál de los protagonistas del revulú parecen preferir los panameños.
El escritor mexicano Guillermo Arriaga decía durante la Feria del Libro de Panamá, en una entrevista, que “a veces la gente prefiera coger la mentira para mantener la estabilidad social, que la verdad, con el riesgo de destruirla”, y quizás nuestra sociedad está en esa encrucijada: mantener el estatus quo es más fácil, menos dramático, más seguro que enfrentar la verdad. Estamos asistiendo al deterioro continuo de nuestras instituciones.
Leía una de las reflexiones de Rubén Blades, del día 8 de junio, en la que planteaba unos insólitos escenarios políticos. ¿Qué los posibilita? «Hoy, al usual “¿qué hay pa’ mí?”, se suma la posibilidad de que luego del 2024, los partidos políticos, los intereses que los alimentan y sus corruptos dirigentes y alcahuetes, sean investigados y/o terminen encarcelados. Van a tratar de protegerse de la manera que sea y por eso, alianzas antes impensables hoy son posibles, aunque resulte perjudicado el futuro del pueblo…» La clave del asunto: ante el miedo a la justicia, unos y otros, harán lo imposible con tal de que esas alianzas se concreten: puro gatopardismo del patio.
Si las siglas y colores de siempre han demostrado ser lo peor, y el “moka” no termina de gustar, entonces, ¿Vamos? Y, ¿para dónde va? Ojalá sepan marcar otro camino y sean capaces de configurar un nuevo enfoque sobre nuestra circunstancia, pero no perdamos de vista a los de siempre y a sus alianzas imposibles y venenosas: lo que quieren es cambiar todo para que nada cambie y vendernos, como cosa nueva, las mismas siglas enredadas en colores parecidos.
El autor es escritor
