La semana anterior, en Panamá, en el ámbito político, se desarrolló de una manera “peculiar”, por decir lo menos. Por ejemplo, creo que es la primera vez que un magistrado del Tribunal Electoral es elegido con tanta anticipación como sucedió a finales de la semana. Podríamos deducir —y aclaro que es solo una triste coincidencia— que entre amigos de un órgano y los del otro hubo algún tipo de acuerdo, para que, como álbum del Mundial, se intercambiaran figuritas.
Políticamente podría ser bien visto, pero la imagen que dejan hacia el público espectador es la de un vulgar “acuerdo de pasillos”, donde yo elijo a la tuya y tú eliges al mío. Desde mi balcón, me parece que el actual mandamás de la Cámara de la 5 de Mayo se dio cuenta de que no hay forma de ser reelegido y sacó su álbum para intercambiar.
En este tipo de acuerdos, no ganamos ni tú ni yo, pero los de arriba están felices, mientras los de abajo quedamos preocupados, pues ya hemos visto este tipo de acuerdos antes y sabemos que los resultados no son halagüeños.
El Tribunal Electoral tiene una responsabilidad muy grande, pues siempre hemos sido el faro que ilumina a nuestros vecinos de Latinoamérica en materia de organización y de anuncio de resultados electorales, a diferencia de otros países que pasan semanas (por no decir meses) antes de que se conozca el nombre de quienes los dirigirán.
Si bien es cierto, las últimas selecciones han estado alejadas de la calidad de magistrados que hemos tenido, también es cierto que, a pesar de interrupciones a todas luces ilegales, siempre se ha cumplido con la voluntad de quien elige. No entiendo por qué a los magistrados designados, a veces, se les olvida a quiénes se deben y, definitivamente, no es a quienes los proponen. Por ejemplo, esa última sinvergüenzura de no permitir que quienes aspiren a una curul en el legislativo por la libre postulación puedan participar en iguales condiciones que quienes lo hacen por vía de partidos.
Pareciera que se les olvida lo que en la realidad significa la democracia. De hecho, si revisamos las más recientes estadísticas publicadas por el Tribunal Electoral, solo el 49.15% del padrón electoral está inscrito en un partido; es decir, una mayoría —mínima, pero mayoría al fin— no está en partidos. Nuevamente, desde mi balcón, esa norma no aguanta una demanda de inconstitucionalidad, pues la discriminación es obvia y evidente. ¿Cómo va a ser legal que quienes somos la mayoría, que no estamos inscritos en partido alguno, no podamos aspirar a tener las mismas condiciones que quienes sí lo hacen en los partidos?
Sobre la Defensoría del Pueblo, a la cual me he referido con anterioridad, siento que, con el pasar de los años, se ha ido deteriorando su imagen porque, como en algunos deportes donde se pierden bates y otros utensilios, hay políticos que meten la mano para tener un espacio de nombramientos para quienes caminan al lado del candidato.
Si vemos el resultado de la última selección y juzgamos por su ejecución en el órgano donde se utilizan las togas, deja mucho que desear. En los zapatos de la propia seleccionada, me daría vergüenza haber sido seleccionada de la manera en que lo fue. Y no lo digo porque favorecería a algún otro candidato, pero en esta ocasión creo que sí había opciones más imparciales y que podrían haber hecho un mejor trabajo.
Para terminar el análisis de la semana anterior, el decreto que regula el desarrollo de una plataforma digital —que, aparte de funcionar en la mayoría de los países desarrollados del mundo y en la mayoría de nuestros vecinos, es una alternativa real si la comparamos con el servicio deficiente, grosero y mediocre de la mayoría de quienes ofrecen el servicio, supuestamente individual, en Panamá— merece una reflexión adicional.
Lo que debieron haber regulado son los “no voy”, las ilegales tarifas “adicionales”, las faltas al reglamento del tránsito y tantas otras cosas que podríamos mencionar. Eliminar las famosas prestatarias, que no sirven para nada más que para beneficiar a quienes tienen “comisiones” y a sus respectivos “mayores” de edad, que lo que hacen es explotar a las famosas “palancas”, que se ven forzadas a violar el reglamento de tránsito desde que inicia el día.
El autor es dirigente cívico y analista político.


