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Entre saltos y sobresaltos

Entre saltos y sobresaltos
Buques en transito por el Canal de Panamá en dirección a las esclusas de Miraflores en el lado Pácifico. LP / Alexander Arosemena

No hemos siquiera salido del arbitraje con la minera canadiense, para caer en el conflicto Estados Unidos-China sobre las dos concesiones portuarias privadas que, a todas luces, actuaban en violación a nuestra Constitución y a los términos pactados en dicho contrato-ley.

Sucede ahora que, con el cierre del “Estrecho de Ormuz”, el Dragón Oriental, que depende más que nunca de nuestra vía interoceánica para suplir su enorme apetito energético, amenaza nuestra soberanía reteniendo naves con nuestra bandera e iniciando arbitrajes millonarios en nuestra contra. Si cada país, a su discreción, puede defender supuestos derechos, ¿por qué Panamá no puede igualmente restringir el uso de su posición geográfica para salvaguardar su soberanía y su Constitución? Además, ¿por qué China, a pesar de ser la nación comercialmente más favorecida por utilizar nuestro Canal, siempre se ha negado a firmar el Tratado de Neutralidad, incluso cuando les garantiza el tránsito libre a perpetuidad?

Ahora resulta que también nos afecta la guerra iniciada por Israel-Irán-Estados Unidos, afectando nuestra flota de bandera y aumentándonos los costos de los derivados del petróleo. No existe justificación alguna para que el costo del petróleo o sus derivados en el continente americano aumente a la par del crudo en el Golfo Pérsico, pues a Canadá, Estados Unidos, México, Venezuela, Colombia y Ecuador les sobra para abastecer todo el consumo del continente. ¿Por qué, entonces, tienen nuestros vecinos que aumentarnos los precios al mismo ritmo que establece el nefasto cartel de la OPEP?

¿Dónde quedó la cooperación del reciente “Shield of the Americas” o la protección de esos gobiernos a sus propios consumidores o la supuesta defensa al “libre comercio”? En 1980,debido a una escasez en el suministro de crudo, nueve países centroamericanos y del Caribe suscribieron con México y Venezuela el “Acuerdo de San José”, que nos garantizaba el abastecimiento y permitió facilidades crediticias a largo plazo.

Once años después, en 1991, como ministro de Comercio, responsable de la Dirección Nacional de Hidrocarburos, asumí la difícil renegociación de un nuevo contrato-ley con la Refinería Panamá en sustitución de la Ley 44 del 10 de mayo de 1956, que obligaba a la nación, por 35 años, a garantizarle a la empresa “la total recuperación de sus costos, más una ganancia razonable y una protección arancelaria del 70% ad valorem” para eliminar la competencia.

Negociar un nuevo contrato con la transnacional Texaco sobre los escombros de la invasión y con el peligro de un desabastecimiento de combustible no parecía posible. Sin embargo, varios expertos nacionales en la materia, junto a la directora del departamento de hidrocarburos y este servidor, creamos la “Comisión de liberación del mercado petrolero” y dedicamos cientos de horas en intensas sesiones, hasta lograr un nuevo contrato-ley que le permitió al gobierno Endara, mediante cuatro decretos de Gabinete, liberar totalmente el mercado de los derivados del petróleo y así reducir de inmediato la protección arancelaria del 70% al 20%, eliminar la ganancia garantizada a la refinería del 15%, renunciar al “Acuerdo de San José”, autorizar nuevas zonas de almacenamiento de combustible, eliminar todos los subsidios a la gasolina del sector transporte y pesca y mantener solo el subsidio al tanque de 25 libras de gas.

El resultado fue inmediato, pues en octubre de 1992, luego de aprobado el nuevo contrato-ley, el precio del galón de premium, que estaba en B/.1.98, en solo diez meses bajó a B/.1.67,ahorrándole además costosos subsidios al fisco. No hay duda de que, cuando hay voluntad y patriotismo, se encuentran las soluciones.

No entiendo por qué los panameños tenemos que sufrir y pagar los permanentes saltos y sobresaltos globales cuando estamos cumpliendo a cabalidad con nuestra vocación de “ProMundi Beneficio”. Le ofrecemos al comercio mundial ahorros multimillonarios y a las navierasuna nueva y segura vía interoceánica, con un servicio ininterrumpido de primera clase.

Entonces, si el Tratado de Neutralidad del Canal nos hace rehenes del “libre tránsito”, ¿por qué, cuando estallan conflictos que afectan la soberanía de nuestra bandera de conveniencia o golpean directamente nuestra economía, no podemos temporalmente compensarlos y establecer, como República independiente, una justa compensación al tránsito de las naves petroleras y de gas por nuestro territorio soberano?

El autor fue ministro de Comercio e Industrias y embajador de Panamá tanto en Washington como en Italia.


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