Exactamente como era predecible, y después de seis años de manosear por cobardía la demanda de inconstitucionalidad contra el artículo del Código de la Familia que hace exclusivo el matrimonio “entre un hombre y una mujer”, finalmente la Corte Suprema de Justicia emitió el fallo (qué bien le queda ese nombre a lo que hicieron...), donde consideran que la dichosa frase no es inconstitucional y, por ende, en Panamá el matrimonio entre personas del mismo sexo queda vedado. Incluso, los matrimonios constituidos en otros países no son reconocidos por la ley panameña.
Supongo que a nadie le debe sorprender el resultado de la consulta. Después de seis años y de 97 páginas de perorata leguleya, la conclusión es que Panamá adopta “de sus dos” que una parte de la población tendrá menos derechos que otra, basado exclusivamente en la necesidad imperiosa de discriminar, como siempre lo han hecho, a la población LGTBIQ+. Y punto. La decisión es inapelable. Y que se jod…
Lo primero que toca que entiendan, ya no la CSJ (que parece ser caso perdido), sino los maniáticos estos que viven con la discriminación como razón de su existencia, es que nadie debe arrogarse el derecho a decidir qué hacen con su vida los demás, siempre y cuando esto no represente una violación de derechos ajenos. Que dos adultos decidan legalizar su unión buscando derechos y cumpliendo deberes que la sociedad da o impone supuestamente a todos por igual, no debe ser de la incumbencia de nadie, más que de los involucrados.
No es lógico que las obsesiones religiosas de unos interfieran con los derechos de otros. Porque al final, todo este tema del odio a la población LGTBIQ+ surge de conceptos religiosos. Esta gente se cree poseedora de la verdad en cuanto a “la familia” y “la moral” de la sociedad. Escucharlos generalizar que la homosexualidad lleva a la pedofilia es tan estúpido como decir que la ordenación sacerdotal enseña la pederastia.
Otros dos conceptos que esta gente revuelve a su conveniencia son “matrimonio” y “familia”. Según esa sinfonía de ideas raras que manejan en el cogote, el matrimonio implica necesariamente un hombre y una mujer, porque matrimonio se deriva de “matriz” y eso implica maternidad y capacidad reproductiva. Partamos de la base que el 75% de los niños de Panamá nacen de parejas no casadas. Eso desmonta su ridículo argumento. Al margen que hay que estar demasiado perdido en biología elemental para pensar que los hijos sólo nacen de parejas casadas.
Vivimos en el siglo XXI y hace mucho que se sabe que hay muchos tipos de familia. Ese concepto de que todas las familias tienen que ser como los Walton o como los Ingalls de La casita de la pradera simplemente no tiene cabida en nuestra sociedad actual. Nadie puede decir que dos abuelos que crían a sus nietos huérfanos o una pareja que no tiene hijos (por la razón que sea) no puedan ser considerados una familia.
Actualmente, hay muchos tipos de familia: familia monoparental masculina o femenina (donde hay sólo madre o padre con hijos), familia nuclear (padre y madre con hijos), familias reconstituídas (pareja con hijos biológicos de uno o ambos), familia homoparental masculina o femenina (parejas del mismo sexo con o sin hijos), familia adoptiva (pareja o persona adulta con hijos adoptados), familia extendida (varios miembros de la misma familia que conviven y forman un núcleo familiar, incluyendo abuelos, tíos, primos, etc), familia de acogida (persona o pareja adulta que acoge a niños o niñas hasta que encuentran un hogar permanente) y familias sin hijos (que no requiere explicación).
Otro elemento más “técnico” si se quiere, es el que se refiere a los derechos humanos como concepto. Para comenzar, los derechos no están sujetos a votaciones ni a que a la gente la gusten o no. La Declaración Universal firmada en 1948 establece los derechos como los mínimos que deben ser cumplidos. De allí, es importante también el concepto evolutivo, donde las sociedades irán integrando nuevos derechos, según se desarrollan. En este sentido, el matrimonio igualitario ya está aceptado en la inmensa mayoría de los países socialmente desarrollados de América y Europa. Países tradicionalmente conservadores como Costa Rica, España o México, ya han reconocido el derecho de todo adulto a contraer matrimonio con quien ellos deseen. Que Panamá se salga ahora con esta mamarrachada jurídica solo nos pone (en un aspecto más) a la cola del mundo civilizado.
Para mí, lo más triste fue cuando, al comentarle este exabrupto a un abogado fuera de Panamá, a quien le envié copia del fallo, su respuesta fue lapidaria: no es solo la tontería que dan como argumento, sino el bajo nivel de la CSJ de Panamá. Pero no es mucho más lo que puede esperarse de gente que tiene una “capilla” en la sede de la CSJ para que “Dios los guíe en sus decisiones”.
Pero, ¿qué pasará ahora? Pues que todo seguirá su camino y la denuncia escalará a la CIDH, que ya ha fallado varios casos a favor del matrimonio igualitario. Le pondrán alguna sanción a Panamá, nos recordarán por qué andamos como andamos y no faltará algún subnormal que diga que “debemos retirarnos del Sistema Interamericano de Derechos Humanos para no acatar sus decisiones”. Y así seguiremos entonces de lista negra en lista negra… A estas alturas, ya debemos estar acostumbrados.}
El autor es médico cardiólogo
