Exclusivo

¿Eres un buen ancestro?

Dijo Winston Churchill que “la democracia es la peor forma de gobierno, exceptuando todas las demás que se han intentado”, y creo que la historia le ha dado la razón. A lo largo del siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI, hemos visto el fracaso de múltiples gobiernos autoritarios y dictatoriales. Pero la democracia es frágil y como hemos visto en Latinoamérica, también susceptible de ser secuestrada por quienes la utilizan como camuflaje para robar. He perdido la cuenta del número de políticos y expresidentes acusados o condenados por corrupción en nuestros países.

Y mientras tanto, el nivel de vida de mucha gente sigue empantanado como si fuésemos todavía una colonia de España. Y no es sólo la corrupción y la avaricia de los gobernantes y sus cómplices, sino la miopía política con la que muchas veces ejercen el poder. La necesidad de contentar al electorado con soluciones cortoplacistas, para ganar la reelección, impide a los políticos emprender proyectos que transciendan sus períodos. Igualmente, la necesidad de obtener fondos para sus campañas políticas hace que se comprometan y se vean obligados a satisfacer el apetito y los intereses comerciales de quienes los patrocinan.

Problemas grandes y complejos como la educación, la salud pública, la seguridad social, los proyectos de infraestructura y los cambios socioculturales requieren estrategias no de dos, tres o cinco años, sino de 20, 30 o hasta 50 años. Se necesita un compromiso de la clase política y de la sociedad con la idea de un futuro mejor para las siguientes generaciones. Y esto no significa abandonar la búsqueda de solución de los problemas presentes o apremiantes, sino mantener el foco puesto en un futuro mejor.

A nivel global, problemas como el cambio climático, la contaminación y la degradación de nuestro planeta sólo pueden solucionarse con grandes sacrificios en el presente, para que tengamos un mejor futuro. O mejor dicho, para que tengamos un futuro y punto. Es una cuestión de retrasar la gratificación.

En 1972, el psicólogo de la Universidad de Standford, Walter Mischel, realizó una serie de experimentos con niños de entre 4 y 5 años de edad, donde les dejaba en una habitación a solas, con un malvavisco con la promesa de que si no se lo comían y esperaban 15 minutos, tendrían como recompensa dos en lugar de un solo dulce. Algunos de los participantes fueron capaces de esperar y otros no.

Lo realmente sorprendente fue que aquellos que pudieron diferir su gratificación a tan temprana edad, lograron mejores resultados en exámenes de entrada a la universidad (SAT), mejores ejecutorias académicas y hasta una menor índice de masa corporal, años después. Traigo este estudio a colación, porque estoy convencido que necesitamos una sociedad que apueste por diferir su gratificación y entienda que las inversiones a largo plazo son más importantes que comerse el malvavisco de una vez.

Pero para este esfuerzo, se requiere una visión altruista por parte del que gobierna, y una madurez y paciencia del gobernado. Es necesario una transformación profunda en nuestra forma de evaluar el progreso. En lugar de una visión miope y egoísta, se necesita un pensamiento a largo plazo y para el beneficio de generaciones futuras. Recomiendo la lectura cuidadosa de la obra El buen ancestro, de Roman Krznaric, para entender lo que se necesita para este tipo de pensamiento a largo plazo.

Cuando en 1955, Jonas Salk desarrolló la vacuna contra la poliomielitis, una enfermedad devastadora en ese tiempo, no quiso patentarla. Renunció voluntariamente a las ganancias potenciales por el bien de las generaciones futuras. Años después, él explicaba que basaba su filosofía de vida en una simple pregunta: ¿Estoy siendo un buen ancestro?

De ahí el título de la obra de Krznaric. Este es el tipo de conducta y abordaje que necesitamos en nuestros líderes. Pero es igualmente importante, como señalé, que la gente entienda que pensar en el futuro es vital. No necesitamos planes de gobierno de cuatro o cinco años que no se cumplen; necesitamos a todo un país comprometido con una mejora integral y profunda, aunque demore 100 años.

Después de todo, nosotros disfrutamos del esfuerzo y el trabajo de nuestros antepasados.

Los medicamentos, las vacunas, la tecnología, las carreteras y el conocimiento son todos obsequios que nos legaron las generaciones anteriores. A ellos no podemos pagarles. Están muertos. Nuestra deuda es con los que vienen después de nosotros. A ellos sí podemos entregarles un país mejor, un planeta mejor. Hay un pensamiento Apache que sabiamente señala que “no heredamos la tierra de nuestros antepasados, sino que la tomamos prestada de nuestros hijos”. Y más temprano que tarde nos tocará devolverla.

Así que cuando termine la Copa y pasen las fiestas de fin de año, tómese un tiempito para preguntarse: ¿soy un buen ancestro? O más importante aún: ¿tienen los gobernantes por los que voy a votar en las próximas elecciones, una visión y estrategia para aspirar un futuro mejor para todos? O sólo quieren regalarme un malvavisco.

El autor es médico, especialista en enfermedades infecciosas


Última Hora

  • 19:22 Más de $2 millones al año: el costo de los sobresueldos y gastos de representación en la Unachi  Leer más
  • 19:14 Selección Sub-20 afina detalles para su primer duelo ante Cuba Leer más
  • 19:04 La Guaira, los intentos de recuperar cuerpos entre excavadoras y largas filas de comida Leer más
  • 18:46 Se disuelve el Gobierno de Hamás en Gaza, dejando un vacío de poder y muchas incógnitas Leer más
  • 18:39 Cámaras y huellas dactilares: claves en los homicidios de Héctor Sambrano y el decorador Álvaro Rodríguez Leer más
  • 18:19 ‘Comí kétchup y queso y eso me mantuvo consciente’: la BBC habla con la niña de 12 años que sobrevivió 32 horas bajo los escombros tras los terremotos de Venezuela Leer más
  • 18:14 Portugal y España se ven las caras este lunes en Dallas por un puesto en los cuartos de final Leer más
  • 18:01 Venta de autos nuevos crece 13% hasta mayo: estos fueron los modelos más vendidos Leer más
  • 17:57 Romario insiste en que fue un error renovarle el contrato a Ancelotti hasta 2030 Leer más
  • 17:49 Realeza: Un abrazo sin camiseta y risas reales rompen protocolo entre príncipes de Noruega y Haaland Leer más