En 1958 mis padres y yo nos mudamos para el novedoso en ese entonces, proyecto habitacional de Betania. El verdor era la tónica del nuevo entorno. Recuerdo que el mismo día de la ocupación del chalé, sin compañía alguna, decidí irme en misión de reconocimiento a las calles adyacentes a la nueva vivienda. Llamó poderosamente mi atención, el claroscuro de un nutrido bosque colindante con una verde extensión de pastizales no muy lejos de la nueva casa, la 965, comprada por mis padres.
Apreté el paso y llegué a la cerca de alambre de púas que separaba la circunvalación conocida como Camino Real de Betania. Con gran arrojo al transponer la alambrada que servía de valladar al hato de ganado que ahí pastaba, dejé atrás las comodidades de la urbe, arrancando de esta forma el cumplimiento de mi promesa de convertirme en un buen explorador.
Cuatro eran los senderos que acostumbraba a utilizar para alejarme de la civilización en busca de mi ideal de convertirme en un explorador. El camino hacia la laguna del Chalí, en un recodo del Río Abajo. El otro, el llamado Charco Espíritu colindando con Pueblo Nuevo, donde se dice que ahí se daban ahorcamientos y fusilamientos y en las noches salían las almas en pena.
El otro, una vieja carretera militar, que se adentraba en la reserva Militar de Fort Clayton y se conectaba muy lejos con vía Madden. El cuarto pasadizo selvático era una trocha en medio de la selva canalera cruzando el río Curundú donde se podía llegar caminando con mucho cuidado por el peligro de las serpientes a la ruina de la capilla de Cárdenas y por otro nombre de La Palangana.
¿Sabías qué?….
— Luis Puleio Explorador (@puleio_explorad) April 27, 2023
Cerca del Corredor Norte, a la altura de Altaplaza, existe una Capilla Colonial española del siglo XVI. Se trata de la Ermita de Cárdenas o de la Palangana, la misma, conecta por medio del camino de Cruces de 1527 en dirección al aljibe de la UTP…sigue 👇🏻 pic.twitter.com/AHuIQ0ctV2
Esa ermita, yo la conocí debido a un encuentro fortuito en 1959, al toparme con un señor bastante entrado en edad que se encontraba de cacería por los lados de lo que hoy es la Universidad Tecnológica. Gran susto fue el mío cuándo, de la nada oculto en el follaje, irrumpió una sombra delante de mí erizándome los vellos. Oiga niño, ¿usted que hace solo en esta selva? En ese momento le respondí: Estoy explorando y conociendo. Después de una pausa me respondió…. Ven te voy a llevar a que conozcas la capilla de Cárdenas.
La capilla me impresionó mucho. A todas luces no requería de mayor inteligencia, para saber que era española. Su diseño constructivo de calicanto con tabletas de barro y piedras empotradas denotaba que estaba casi completa. Le faltaba el techo, y parte de la entrada, y se apreciaban los nichos para los santos, y el abovedado del altar. En la nave principal, una especie de claraboya llamada óculo, permitía la entrada de la luz solar.
Se dice que el pirata Morgan la saqueó y le prendió fuego, a su paso hacia Panamá. En la actualidad, está dentro del Parque Camino de Cruces, pero no tiene ningún plan de restauración concreto, algunas entidades gubernamentales y privadas han mostrado interés de conservarla y restaurarla, como la Alcaldía de Panamá, pero aún sin evidencia de iniciarse.
Debido a su fácil y peculiar acceso, sería magnífica para incorporarla como parte del turismo del país, la misma conecta con el aljibe UTP por medio del Camino de Cruces de 1527 con dirección a la Panamá de Pedrarias Dávila de 1519.
Hoy la ruina está aún más ruinosa y algunas de sus paredes se han desplomado. Al ritmo del tiempo, lo que fue un símbolo conmovedor de la fe, desaparecerá en medio de la verde cubierta vegetal que la protegió durante el embate del paso de los siglos.
El autor es explorador, conservacionista y custodio voluntario de los caminos coloniales
