En Colombia, hubo casos en los que el ejército ingresaba a poblaciones rurales, arrestaba a sus habitantes y luego los asesinaba. Después, los vestían como si fueran guerrilleros y los presentaban a los medios de comunicación como “abatidos en combate”. A esta acción se le conoce como “falsa bandera”.
En Panamá, pese a la efervescencia social vivida al final del gobierno del PRD y a la contundente respuesta de la Corte Suprema de Justicia ante el conflicto minero —que dejó en evidencia una actividad sin sustento legal—, así como a la aprobación de una ley de moratoria que prohibió indefinidamente nuevas concesiones mineras, el país vuelve a verse sacudido por nuevas protestas.
A pocos meses de iniciado el nuevo gobierno, se propuso y aprobó la Ley 462, que modificó radicalmente el sistema de pensiones y cuotas del Seguro Social, generando gran incertidumbre económica. Paralelamente, se habla de reactivar la actividad minera, sustentada únicamente en un decreto ley del Ejecutivo, sin participación de la Asamblea Nacional ni acatamiento a lo dispuesto por la Corte Suprema sobre el tema.
El lingüista Noam Chomsky (1928) identificó diez estrategias de manipulación de la opinión pública a través de los medios de comunicación. Una de ellas consiste en desviar la atención del público respecto a los cambios impuestos por las élites políticas y económicas, evitando que la población advierta su verdadero impacto.
Otra táctica es crear un problema para provocar una reacción social y, luego, ofrecer soluciones que podrían no ser del todo convenientes. Un ejemplo es el problema del agua potable. También se recurre al aumento de la violencia para justificar leyes que, en nombre de la seguridad, terminan debilitando las libertades ciudadanas o incrementando el gasto en armamento policial. Asimismo, se aplica gradualmente una medida impopular para que sea aceptada en pequeñas dosis a lo largo del tiempo. ¿Le suena esto a los constantes anuncios sobre retomar la minería, pero sin una fecha concreta?
También se desvirtúa o ridiculiza el discurso contrario mediante arengas públicas de tono infantil, con regaños incluidos, para sugestionar a la audiencia y eliminar su espíritu crítico. Chomsky y otros estudiosos advierten sobre estos mecanismos de control, lo que resulta relevante ante el ambiente actual de parcialización mediática desde el poder, orientado a manipular la opinión pública. No obstante, las redes sociales y canales alternativos están visibilizando la realidad que se vive en lugares como Bocas del Toro, donde incluso se han cortado las señales de internet y telefonía. Esto es preocupante por sus implicaciones futuras, como si se tratara de un laboratorio para ensayar medidas más amplias en todo el país.
En Bocas del Toro, a pesar de la alta presencia policial y militar, se reportan saqueos y desmanes sin que se vea custodia efectiva de la propiedad privada ni del patrimonio estatal. Esto hace pensar en la posible construcción de una “falsa bandera” en la operación contra la población bocatoreña.
Parece un caos institucionalmente garantizado. Las herramientas que el actual mandatario criticó durante la Cruzada Civilista, hoy las utiliza con amplitud. Incluso hay militares de aquella época en planillas oficiales y asesorando las respuestas represivas. Urge establecer espacios de entendimiento que promuevan el respeto y el equilibrio en el marco del sistema democrático. El presidente tiene la posibilidad —y la responsabilidad— de detener este creciente descontento social.
El autor es periodista.
