En un mundo interconectado por las redes sociales, que son utilizadas como fuentes de noticias formales e informales, vemos el auge de la propagación de contenido sensacionalista y extremista, creando, muchas veces, la polarización del pensamiento político. Es justo cuando dejas de cuestionar lo que ves en redes sociales para considerar solo una perspectiva. Es cuando cedes tu pensamiento crítico al algoritmo y, por ende, permites que bases importantes como tu postura política se vean influenciadas y moldeadas por alguien que no eres tú.
Las redes sociales funcionan gracias a un algoritmo que decide el contenido que vas a consumir antes de que lo hagas. Ello ocurre porque utilizan filtros prehechos que identifican el contenido más relevante para ti, gracias a tus interacciones, como likes, comentarios, tiempo de reproducción y guardados. Ello significa que el algoritmo identifica lo que quieres ver y te lo muestra para generar el engagement que necesita con el fin de mantenerte activo en la red, sin considerar factores como la veracidad o la ética del contenido. Y, aunque es verdad que ciertas redes sociales sí manejan la verificación del contenido después de su publicación, eso no detiene a la mayoría de los creadores de promover propaganda dañina o agendas políticas poco éticas, más aún si son acordes con las posturas de quienes administran estas redes.
Este fenómeno produce lo que se conoce como una burbuja informativa: un espacio digital en el que el usuario recibe principalmente contenidos que confirman lo que ya piensa, mientras se reducen las posibilidades de encontrarse con ideas distintas. Como resultado, la persona no se informa mejor, sino que se convence aún más de su propia postura. Allí nace uno de los mayores riesgos: confundir la repetición con la verdad.
Puesto que la finalidad de las redes sociales es permitir la difusión rápida de mensajes, fotos y videos, sin tener que pasar por procesos rigurosos de revisión ni de verificación de la información compartida, se crea un ambiente en el que proliferan las fake news, así como las noticias falsas y malintencionadas y, gracias al desarrollo de la IA generativa, los deepfakes. Según el Canadian Digital Regulators Forum (2025), son “falsificaciones digitales tan realistas que pueden imitar de manera convincente la voz o la imagen de una persona”. Ello hace posible que las personas publiquen, compartan e interactúen con contenido hecho para engañar y tergiversar la realidad.
Con millones de publicaciones que se hacen al día, todavía no hay un sistema confiable y riguroso para poder filtrar y eliminar todo el contenido falso o peligroso que existe entre los internautas. Redes como X han recurrido a un sistema de verificación de Notas de la Comunidad, un espacio dentro de las publicaciones en el que cualquier persona puede desmentir o respaldar dichas noticias. Ello sigue sin ser 100% efectivo a la hora de filtrar la información, tomando en cuenta la capacidad de desinformación que poseemos las personas.
Es así como los feeds, en lugar de ser espacios cibernéticos para adquirir nuevos conocimientos, se convierten en herramientas para difundir desinformación acerca de los conflictos actuales, enmascarar problemas sociales, crear divisiones entre la población o, inclusive, manchar los nombres de personas relacionadas con un partido político o movimiento social. Debido a que es un algoritmo que únicamente te enseña un lado de la historia, junto con las razones para mantenerte en él, es imposible crear una conclusión verdaderamente personal y basada en hechos.
Cuando «ver para creer» ya no es suficiente para confiar en los medios, queda en los usuarios filtrar la información por ellos mismos. Es menester buscar señales de propaganda política; investigar y verificar la información en distintos medios formales; y, en muchos casos, ubicar los testimonios de quienes conocen más del tema, ya sea por ser estudiosos o porque tienen experiencia relacionada con el asunto tratado. Tener las herramientas necesarias para informarse depende de uno mismo.
No es suficiente creer que es realidad lo que aparece en la pantalla. Es necesario investigar, verificar y contrastar. Hoy, más que nunca, necesitas tener pensamiento crítico y no creer en lo primero que encuentras en las redes.
La autora es egresada del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana 2025.

