Hay varios escenarios que se mezclan en el tema de la Minera Panamá, incluido la carga emocional o de intereses políticos económicos. Está la demonización o santificación de la actividad minera; la explotación ya establecida, y el contrato que tiene sus implicaciones de legalidad, etc. Nos vamos a referir en esta nota únicamente a un ángulo que tengo la sensación no ha sido profundizado, que forma parte del contrato en vía de aprobación. Veamos esto con un ejemplo conocido.
En Génesis 25, 29-33, se narra la escena en la cual Esaú, el hijo mayor de Isaac, le vende sus derechos de primogenitura a su hermano menor Jacob, por un plato de lentejas. Esta lectura la hice de muy niño y ahora la misma me sirve de referencia para analizar el caso de la venta de derechos de Panamá a la empresa minera. Veamos.
Esaú llega muerto de hambre donde su hermano, el cual justamente está preparando un delicioso guiso de lentejas. Apetitoso, humeante y acompañado de un pan pita fresco calientito con aceite de oliva virgen. (pena no tenían papas, yuca o plátanos en ese tiempo y lugar). Aclaro que esto último lo añado yo. Agotado de un día de trabajo duro en el campo, Esaú tiene urgencias que atender. Igual que Panamá hoy día.
Al pedirle a su hermano comida, éste, percibiendo la debilidad del otro, decide aplicar lo que hoy día en economía llamamos la extracción del excedente del consumidor. Esaú no tiene nada en sus manos en ese momento. Pero tiene un intangible: el derecho futuro a los bienes y privilegios de su mayorazgo en la casa de Isaac.
El otro participante de este mercado de dos es Jacob. Aparte del apoyo de su madre, tiene un bien en sus manos, alimentos, cuya demanda es inelástica (es decir, quien lo necesita paga el precio que sea). Así, intuitivamente Jacob cobra el precio más alto posible que su potencial cliente puede pagar. Es decir, le extrae el mayor beneficio o excedente a cambio de un plato de lentejas.
Esaú, por su parte, tiene los siguientes escenarios. 1. Tiene una riqueza potencial que no puede disfrutar ahora mismo (como los yacimientos de cobre ahora en proceso de cesión presente o futura a Minera Panamá). 2.
De ahora hasta que llega el momento de heredar pueden pasar varias cosas: (a) que él o su hermano mueran antes, (b) que él o su hermano hagan tanta fortuna, que el mayorazgo pierda valor ante la riqueza propia (como sucedió), (c) que su padre pierda la riqueza por distintas razones y (d) que la riqueza misma heredable pierda valor, etc. Es decir, le están dando a valor presente algo tangible, las lentejas, que sacia una necesidad (su hambre) por algo que es un potencial que puede realizarse o no, que es el mayorazgo (como los yacimientos no explotados de cobre de Panamá).
La información que tengo es que Panamá, en América Central, es el país que tiene los yacimientos de mineral de cobre con mayor valor comercial explotable. Algunas estimaciones, dependiendo de la época, del valor comercial de esos yacimientos van de $200 mil millones a un billón (millón de millones). Comparativamente, cuando otro país centroamericano se niega a la explotación de la minería, se está negando a algo que, de todas maneras, no tiene. Así es fácil.
De acuerdo a lo discutido públicamente, Panamá no solo concede el área de explotación actual al precio mínimo pactado (ajustable hacia la baja en distintos escenarios), sino lo que para mí es lo más grave: se compromete por vía de contrato a conceder el derecho de alquiler, usufructo y compra de tierras que la minera declare necesite sin determinar circunstancias (sin justificarlo o no, sin derecho a negarlo). O peor, a expropiar las tierras que la minera reclame y que por cualquier razón no pueda obtener.
Aquí está la venta de algo muy valioso, el acceso a posibles yacimientos (el mayorazgo) por un plato de lentejas, un retorno económico cuya mayor justificación es que es más que lo que antes se había pactado como retribución a Panamá. Este valor es discutible, ya que llaman beneficios a lo que son costos de producción (salarios), no contempla externalidades negativas como costos, etc.
La empresa, que cotiza en Bolsa, tiene un valor accionario que depende de su potencialidad productiva, los rendimientos o utilidades, valores estratégicos de su producción, etc. Al ser un producto no renovable, la mina necesariamente pierde valor en el tiempo por agotamiento del yacimiento y consecuentemente su cotización de mercado cae.
Como toda empresa extractiva, necesita reservas altas que le permitan mantener su valor cotizable, así como su capacidad de dar utilidades. Al obtener de Panamá el derecho a adquirir por distintas vías las tierras más allá de la actual concesión, crea un valor a favor de esta empresa, en detrimento de cualquier otra que en el futuro deseara invertir en otros yacimientos.
O peor, las ganancias o plusvalía potencial de esos yacimientos, si otra empresa quiere explotarlos lo pagaría a la actual minera, no a Panamá. Como puede haber sucedido con otras concesiones del Estado, que los privados las han traspasado a terceros quedándose con la plusvalía generada en el tiempo.
Puede que sea conspiranoico. ¿La innecesaria inclusión en el contrato de que la empresa no tiene que hacer público sus accionistas (lo cual contempla la legislación antiblanqueo de capitales) no estaría ocultando posibles compras o ventas accionarias por interpuestas personas?
Resumiendo: así como Esaú vendió sus derechos de riqueza no accesible en el momento y lugar a Jacob, quien le pagó con un plato de lentejas aplicando el mejor precio posible para este último, pareciera ilustrar nuestra situación: no solo vendemos a un precio que se ajusta a las necesidades del comprador, sino que adicionalmente se le crea un privilegio de obtención de acceso a los yacimientos no explotados, sin concurso ni precios actualizados ni competencia. Todo por un plato de lentejas, que al ritmo que vamos, empieza a tener un sabor agrio para la presente y futuras generaciones.
No me atrevo a opinar sobre los aspectos ambientales, hídricos y legales que otras personas más calificadas, han formulado.
El autor es economista
