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Ese problema de la basura es mío también

Ese problema de la basura es mío también
Varios sectores de la ciudad capital presentan problema de recolección de basura. Foto: LP Isaac Ortega

Panamá y su ciudadanía tienen un serio problema de disposición, recolección y tratamiento de basuras. Para comenzar, el promedio de producción de desechos de una persona en Panamá es de 1.2 kilos por día, como lo recoge un informe del Observatorio Panameño de Riesgos Ambientales (OPRA). Esta cifra está por encima de la media de la región (1.0 kilos por día), que ya es alta en comparación con el resto del mundo (0.8 kilos por día). Eso significa que en Panamá se generan 5,500 toneladas de basura al día, algo así como el peso de 40 cruceros de Royal Caribbean, y que anualmente son casi dos millones de toneladas.

Aunque, por supuesto, puede haber diferencias entre distintas zonas del país, por ejemplo entre áreas urbanas y rurales, lo cierto es que las personas en el país producen en promedio más basura de lo usual, lo que se agrava cuando tan solo un 5% de esos desechos entra en un proceso de reciclaje.

En segundo lugar, la percepción de la ciudadanía con respecto a la recolección de basuras es negativa. Según la IV Encuesta de Ciudadanía y Derechos del CIEPS, recientemente publicada y a la que se puede acceder en línea, 6 de cada 10 personas en Panamá creen que es malo o muy malo el servicio. Dicha cifra está respaldada, además, por la evidencia visual de una ciudad que ha convertido en paisaje —algo normal— que desechos y residuos estén a la vista de todos. En este caso, no solo como un problema estético, sino también ambiental, de olores y de expansión de enfermedades. Y, si bien ciertas zonas de la ciudad y del país están más afectadas que otras, esta problemática pareciera discriminar menos que otras cuestiones en el país.

En cuanto al tratamiento, cerca del 35% de los desechos termina en botaderos ilegales, ríos, quebradas, playas o en quemas al aire libre. Como muestra práctica y cercana del problema, las provincias de Los Santos y Herrera han enfrentado una grave crisis de contaminación del agua potable, un bien básico, debido al vertido de residuos porcinos sin tratamiento adecuado.

Por otro lado, aquel porcentaje que termina en sitios legales se deposita en dos principales rellenos sanitarios (Cerro Patacón y Río de Jesús) y en más de 60 vertederos a cielo abierto. El primero de los rellenos sanitarios, Cerro Patacón, sufre múltiples incendios que siguen generando problemas en la calidad del aire de la capital y no parece haber solución a la vista. Al igual que con el asunto de las basuras en las calles, se ha normalizado por completo que en ciertas épocas del año el humo afecte la salud de la población, en particular de las 6,000 personas que viven cerca de allí, pero también de toda la capital, como si no hubiera nada por hacer frente a ello, como si fuera un asunto sobre el que el destino ya hubiera decidido.

En cuanto a los vertederos, 58 de ellos se suman a 630 cementerios como lugares que están en crisis ambiental, según Roxana Méndez, directora de la Autoridad Nacional de Descentralización. En sus palabras, se trata de una problemática nacional que requiere acciones urgentes y políticas públicas sostenidas, dado que están saturados o colapsados, impactando en la salud pública, el ambiente y la dignidad humana.

Con todo esto, resulta innegable que las basuras son un problema que compete a toda la ciudadanía; que aspectos como la salud y el bienestar general se ven influenciados negativamente por ello; pero también actividades económicas como el turismo, que se supone crucial para la economía del país. Y es quizás por eso —por ser un problema que, como la educación y la salud, atañe a todos— que su atención revela la idea que las élites políticas y la sociedad panameña en su conjunto tienen hoy sobre lo público, sobre eso que debiera ser tratado como de todas las personas por igual.

Ninguna sociedad puede avanzar en su desarrollo sin acuerdos fundamentales y cooperación en torno a las bases de la calidad de vida de sus habitantes. Es lo mínimo: equivale a cuidarse a uno mismo y al futuro. No es un asunto de derechas o izquierdas, de un bando o de otro, porque si hay algo que requiere cooperación interinstitucional y capacidad de advertir la urgencia es el tratamiento integral de los desechos y las basuras.

Ante la duda, quienes han hecho el trabajo de diagnosticar, planificar y dar visibilidad a esta situación deberían ser respaldados no solo por las instituciones y las élites políticas y económicas, sino también por la ciudadanía en general.

El autor es investigador del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS).


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