Ninguno de los variopintos candidatos a gobernar el país contempla su ingobernabilidad actual por vía del desbarajuste de los tres poderes.
La Corte Suprema está incompleta, su presidente es temporal, a dos magistrados se les venció el período.
La Asamblea Nacional ha tenido que contratar, in extremis, una asesoría de imagen que le ponga plastobón a lo que es irrecuperable. Una digna presencia ante el país.
Finalmente, el Ejecutivo parece ser la reencarnación de Luis XIV, el Rey Sol: “el Estado soy yo”.
A diestra y siniestra se oye y se lee, de los contendores políticos, combate a la corrupción.
¿Cómo se va a erradicar la corrupción sin instrumentos, sin personal calificado para perseguir el delito, sin presupuesto, sin instalaciones adecuadas?
Para desarreglar mejor las cosas, la justicia se disgrega, emigra parcialmente a ahogarse en las playas del parque Urracá, a donde no habían terminado de instalarse un juzgado y un tribunal y ya sus expedientes flotaban víctimas de la más reciente inundación.
De un año para acá, por otra parte, el circense juicio al exmandatario ha terminado por paralizar una justicia que andaba muy coja.
Si alguien intenta bona fide enderezar este entuerto llamado justicia panameña tiene que elevar los ojos a una ciudad judicial que clama por darle a ese órgano del Estado integración, conectividad, espacios y estructuras cónsonos con su dignidad. ¡Presupuesto! La auditoría administrativa resulta inaplazable en un correcto andamiaje judicial.
Pareciera ser que lo que hace falta para que esto deje de ser una entelequia es salir a la calle con el respaldo de los clubes cívicos, las redes sociales, los gremios y los usuarios del sistema judicial a la manera del “no a la reelección”, pero con el “sí a la ciudad judicial”, sombrero en Panamá para recoger monedas.
Spes ultima dea, decían los antiguos romanos: “la esperanza es la última diosa”.
Quiero creer que mis innumerables colegas, las pobladísimas organizaciones profesionales que abanderan la causa de la sociedad civil de un Panamá mejor para todos, que quienes han sido víctimas de la sui generis administración de la justicia en nuestro país, hagan la lucha, que está llamada a triunfar si nos unimos todos.
El autor es abogado
