Los S.O.S. vuelven a brillar por su ausencia, esta vez en Perú. Por lo visto, son exclusividad de la oposición venezolana, que al parecer logra que sean amplificados porque en su caso conviene a los intereses geopolíticos de cierta potencia; de lo contrario, los esfuerzos estarían encaminados a invisibilizar o por lo menos distorsionar los hechos, con una narrativa a su conveniencia.
Al igual que lo vivido en Haití, Colombia, Bolivia y Chile, los hechos de violencia, tan descarados y criminales contra manifestantes en Perú, parecieran ser solo algunos titulares de menor relevancia. Por suerte, el internet permite que no pasen desapercibidos, obligando a ciertos grandes medios a darle cobertura, claro que con la versión prepagada, alineada al golpe.
De igual forma ocurre en otras latitudes con situaciones como la invasión de Rusia a Ucrania, la cual ha sido enormemente repudiada. Lo curioso es que ha sido rechazada por quienes han realizado acciones similares a esta y hasta peores, en sus barbaries bélicas. ¿Será por eso que no se sentencian todas las invasiones de igual forma? Al parecer, nos adoctrinan con su enfoque infantil de quién es bueno y quién es malo, dependiendo de quien se trate, claro está, cuando todas son malas y mientras la ONU siga como un simple cuadro colgado a la pared y nosotros no veamos más allá de sus editoriales (que ya apoyan a un bando) y de la lógica de que todas las invasiones deberían ser juzgadas internacionalmente en un organismo verdaderamente democrático (que no esté en manos de los grandes productores de armamento), quedaremos sometidos a sus caprichos imperiales.
El libre mercado existe siempre y cuando esté bajo el control de quien lo ha impuesto. Cuando alguien, aun siguiendo las reglas del dueño, empieza a ganar el partido (Estados Unidos, China) entonces el libre mercado pierde su esencia y el mal perdedor recurrirá a sanciones como las listas negras y grises y embargos económicos; te asediarán diplomática, política y militarmente. Incluso, simplemente implementando medidas que ellos han satanizado cuando otros intentan implementarlas, como lo es la protección de la industria nacional, etc.
He mencionado solo tres ejemplos para ilustrar cómo estamos rodeados de mentiras que han construido un mundo lleno de espejismos y que, mediante una programación bien estructurada, permanente e intensiva, que aparenta ser inofensiva, accidental y en ocasiones hasta bien intencionada, nos vienen normalizando situaciones y conductas siempre a favor de los poderes hegemónicos que por oro chantajean, dan golpes de Estado y propician guerras.
Hay toda una maquinaria asegurándose que este guión siga ejecutándose correctamente y permanezcamos convencidos de que nuestra realidad es tal y como debe ser y sobre todo que es inmutable, y que la pobreza y todo lo que esta implica es algo normal. Es por ello que el pensamiento crítico es una necesidad urgente para revelar el mundo que nos ocultan y abandonar la película en la que nos han metido. Solo así se comienza a construir una mejor sociedad.
