Panamá continúa creciendo.
Nuevas torres cambian el horizonte de nuestras ciudades. Urbanizaciones se expanden hacia donde hace pocos años había potreros, fincas y terrenos baldíos que hoy siguen impulsando el desarrollo del país.
Celebramos ese crecimiento porque representa inversión, empleo y progreso. Pero hay una pregunta que rara vez acompaña cada permiso de construcción, cada plano aprobado o cada primera piedra colocada: ¿de dónde saldrá el agua dentro de diez o veinte años para abastecer todo lo que hoy estamos construyendo?
Durante décadas diseñamos estas urbanizaciones bajo la premisa de que el agua siempre estaría disponible. Bastaba con abrir una llave para dar por sentado un recurso que parecía inagotable.
Hoy esa realidad está cambiando.
El cambio climático altera los patrones de lluvia. Los períodos secos son más intensos. Las cuencas enfrentan mayores presiones. La demanda crece cada año y el agua debe atender simultáneamente a hogares, hospitales, escuelas, industrias, agricultura y al Canal de Panamá, cuya operación depende de agua dulce.
La pregunta ya no es únicamente si tendremos suficiente agua.
La verdadera pregunta es si estamos diseñando nuestras ciudades para convivir con una nueva realidad hídrica.
Resulta paradójico que muchos edificios incorporen tecnología de punta en seguridad, comunicaciones, eficiencia energética y automatización, pero continúen considerando el agua únicamente como un servicio público del cual alguien más debe ocuparse.
La resiliencia hídrica debería convertirse en un criterio de diseño tan importante como la resistencia estructural o la eficiencia energética.
Cada nuevo desarrollo debería preguntarse:
¿Cómo reducirá su consumo?
¿Cómo protegerá la calidad del agua que reciben los residentes?
¿Qué mecanismos tendrá para enfrentar interrupciones en el suministro?
¿Puede aprovechar agua de lluvia para usos no potables?
¿Está preparado para una población mayor dentro de veinte años?
Estas preguntas ya no pertenecen únicamente a ingenieros o autoridades. Son parte de la planificación responsable de cualquier comunidad.
El agua dejó de ser un recurso abundante para convertirse en uno de los principales factores que determinarán la competitividad y la calidad de vida de las ciudades del futuro.
Las naciones que comprendan esta realidad planificarán con ventajas.
Las que no lo hagan reaccionarán cuando la crisis ya esté instalada.
Panamá aún tiene la oportunidad de decidir en cuál de esos dos grupos quiere estar.
No basta con construir más.
Debemos construir mejor.
Porque las ciudades del mañana no serán recordadas por la altura de sus edificios, sino por su capacidad para garantizar algo mucho más esencial: agua segura, suficiente y sostenible para quienes vivirán en ellas.
Quizás ha llegado el momento de dejar de preguntarnos cuántas urbanizaciones más podemos construir y empezar a preguntarnos si tendremos el agua necesaria para sostenerlas.
Las empresas dejan clientes. Los profesionales dejan prestigio. Quienes educan a una sociedad dejan legado.
La autora es empresaria con experiencia en soluciones para tratamiento y calidad de agua.


