Un clima cambiante está ganando cada vez más fuerza y no se están teniendo en cuenta sus grandes repercusiones, especialmente en la salud de los trabajadores que están mayormente expuestos a la intemperie.
Largas jornadas laborales acompañadas de calor excesivo, con poca protección y cuidado, conllevan desagradables consecuencias que aumentan la vulnerabilidad de los trabajadores. Esto da paso a trastornos del sueño, falta de concentración, fatiga física o mental, daño en el organismo y, en última instancia, la muerte.
Sí, suena drástico escuchar que por “altas temperaturas” puedes tener un desenlace fatal, pero lo cierto es que existe el denominado “golpe de calor”, un término muy común y, me arriesgo a decir, hasta mal utilizado. Esto se debe a que usualmente se piensa en que la persona tiene “sudoración excesiva, deshidratación y dolor corporal”, lo cual es una definición poco acertada. Por el contrario, puedes identificar a un trabajador con golpe de calor porque ya ha dejado de sudar, su piel está muy caliente al tacto, hay desorientación, debilidad, convulsión o puede desmayarse. Estos son los síntomas que deben alarmarte y recurrir a llamados de emergencia.
Pero, ¿por qué si esto conlleva a situaciones de peligro no se han establecido lineamientos para contrarrestar los efectos de este fenómeno? Si bien es cierto que el gobierno debería proporcionar todo en materia legislativa de manera específica, existen programas tanto nacionales como internacionales que cada empleador podría implementar voluntariamente para evitar el absentismo y las bajas laborales.
Hablando en términos económicos, un grupo de trabajadores sometidos frecuentemente a temperaturas extremas y sin descansos apropiados puede representar para la empresa una baja productividad. Las capacidades funcionales de un trabajador disminuirán, llevando al empleador a introducirse en el círculo vicioso del famoso “a rey muerto, rey puesto”, cuando no se identifica que la causa raíz es la deficiencia en la adaptación de medidas de seguridad y salud en el trabajo ante los riesgos derivados por la aceleración del cambio climático.
De acuerdo con la OIT (Organización Internacional del Trabajo), una respuesta al estrés térmico debería presentar medidas de mejora tecnológica, desarrollo de las competencias profesionales y programas de sensibilización, contemplando la participación activa del gobierno principalmente, empleadores y trabajadores, ya que son los impulsores esenciales en el cambio al implementar nuevos procesos.
Ten muy en cuenta que los efectos del estrés térmico por calor no se detendrán de manera sencilla, pero se pueden lograr cambios dentro del marco de una cultura preventiva que, como resultado, significará ganancias para todos.
Realmente exhorto a todos los profesionales de la Salud Ocupacional y empleadores en general a que recurran a un diálogo social, escuchando de verdad a su equipo de trabajo. Este desempeña un papel importante para hacer frente a este gran reto que se avecina, implementando políticas que se ajusten a la realidad y necesidades tanto para la organización como para su personal. No olvides que tu trabajador tiene un valor exorbitante. Cuando decidiste aceptarlo en tu equipo, no solamente estabas incluyéndolo a él, sino también a una familia que espera con ansias su llegada a casa.
La autora es especialista en salud ocupacional
