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EDUCACIóN

Sin estudiantes, no hay escuelas

Cuando pensamos en un salón de belleza, pensamos primero en nuestro presupuesto para salir súper diferentes . Buscamos la belleza que da el maquillaje de nuestros defectos físicos. Un buen educador o una buena educadora busca su salón de clases y hace catarsis, escucha al menos el doble de lo que hablan sus estudiantes porque estamos ante el gran desafío de educar a los que el día de mañana gobernarán, tomarán las grandes decisiones en momentos difíciles, y les tocarán cuidar de nosotros. Por eso, las protestas en la calle no son nada edificantes. Las “huelgas” nos confunden con gritos y alharacas nada dignos de imitar. ¿Ha fracasado el docente como dirigente gremial? ¿Por qué tantas agrupaciones educativas agremiadas a nivel nacional? ¿Cómo podemos solidarizarnos con las altas autoridades del Ministerio de Educación? Nos parece que el recurso humano para ganar la batalla del reclamo de nuestros deberes y de nuestros derechos está en el aula, no en las calles.

Ya sabemos que en los países en los que hay menos fracasos escolares constituye una profesión reconocida el ser docente; la ejercen profesionales con una alta calificación académica y tienen un buen sueldo, por méritos. En cambio, en los países donde hay más fracasos escolares nos encontramos con maestros más desprestigiados y desmotivados, con poca autoridad ante los discentes y la familia que intentan imponer su criterio. El estilo educativo que busca la excelencia del estudiantado entiende que una educación de calidad requiere un clima de respeto y consideración mutua.

¿Cómo va a formar bien quien descuida su propia formación? Esto implica formarse para impartir clases de manera eficaz, y asesorar bien a la familia; poseer la humildad de rectificarse cuando se equivoca y de pedir perdón si se ha ofendido. El ambiente entre el profesorado también debe cuidarse: si no es de colaboración y de una delicada disposición para ayudarse mutuamente, no podrán trasmitir a los discípulos el valor del compañerismo.

Para poder ilustrar mejor este tema he encontrado un relato que puede ayudarnos a entender lo profundo que son los discentes de este siglo. Los niños, niñas, jóvenes de hoy tienen una gran capacidad entusiasta para dirigir los ambientes de controversias, disgustos, ataques, violencias y peleas en torno al tema educativo. Hay que escucharlos. Por ello, cuentan que en una carpintería hubo una extraña asamblea: las herramientas se reunieron para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le dijo que tenía que renunciar. ¿La causa? Hacía mucho ruido y era duro con los demás. Él aceptó su culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo pues daba muchas vueltas a todo. Este también aceptó pero solicitó la expulsión de la lija, era áspera en su trato y tenía roces con los demás herramientas de trabajo. También estuvo de acuerdo, a condición de que se expulsara al metro: siempre medía a los demás integrantes, como si fuera el único perfecto . En ese momento entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo: utilizó el martillo, el tornillo, la lija y el metro, y finalmente la tosca madera inicial se convirtió en un juego de ajedrez. Cuando la carpintería quedó nuevamente sola se reanudó la deliberación. Entonces tomó la palabra el serrucho y dijo: “Señores, ha quedado patente que todos tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades, y eso nos hace valiosos. No pensemos más en nuestros puntos débiles y concentrémonos en los fuertes”. La asamblea se dio cuenta que el martillo era fuerte, el tornillo unía, la lija servía para afinar y lijar asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron capaces de lograr metas valiosas juntos. Por eso, cada uno, desde el lugar que ocupa en la educación de las personas que tienen confiadas, procurará ser mejor para poder ayudar a los demás; rectificará y volverá a empezar con la constancia de que educar es difícil, pero es un reto apasionante; vale la pena prepararse para hacerlo lo mejor posible y saber que buena parte de la tarea es sembrar sin la ansiedad de buscar la recompensa a corto plazo. Por eso se debe prestigiar socialmente la figura del maestro, pues realiza una de las más importantes tareas en la sociedad: educar, y con el ejemplo también se educa. Docentes y discentes, defendamos nuestro recinto de trabajo: las escuelas.

Todos recordaremos a aquellas personas que han dejado una huella positiva,honda y duradera en nuestras vidas pasadas.

La  autora es educadora jubilada


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