El mes pasado, Ecuador se sumó a Argentina, Brasil, Colombia y Uruguay en la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. Si bien estas decisiones apuntan a grandes cambios en las actitudes culturales en la región sigue habiendo oposición a los derechos de los homosexuales en muchos países, incluyendo Panamá. ¿Qué explica la oposición al matrimonio igualitario y cuánto está respaldada por la evidencia científica?
En 2010, investigadores estadounidenses publicaron los resultados de un metaanálisis de 33 estudios que comparaban el bienestar de los niños criados por parejas de distinto sexo con niños criados por parejas del mismo sexo. Este reporte resaltó la evidencia de que los niños criados por parejas homoparentales no son diferentes a niños de familias “tradicionales” en una variedad de resultados conductuales, cognitivos, emocionales y sociales. De hecho, los investigadores también concluyeron que no había evidencia de que los niños criados por madre/padre soltera (o) fueran diferentes a otros niños. Por otro lado, hay evidencia abundante de que crecer en entornos de pobreza, violencia, abuso doméstico y drogadicción sí impacta de manera negativa al desarrollo social y emocional de niños, y que estos efectos perduran a lo largo de la vida. Pero nada tiene que ver la orientación sexual de quienes crían a los niños en su desarrollo social y emocional.
En 2015, la Corte Suprema de Estados Unidos consideró toda la evidencia respecto a las familias homoparentales en su decisión sobre la legalización del matrimonio igualitario. Revisaron la literatura científica desde 30 años atrás y concluyeron que los niños criados por parejas homosexuales no enfrentan adversidades diferentes como resultado de tener padres del mismo sexo. Incluso, descubrieron que con el tiempo, cada vez más artículos citaban otras investigaciones que destacaban que “no hay diferencias” en los resultados para los niños, basándose únicamente en si fueron criados por personas del mismo sexo, heterosexuales o madres solteras.
Un argumento central contra el matrimonio entre personas del mismo sexo es que los niños nacidos o adoptados en estos matrimonios están en desventaja. Por ejemplo, se piensa que crecerán con modelos de roles de género inadecuados, serán intimidados en la escuela y sufrirán un peor bienestar emocional que sus pares. Si bien es cierto que varios estudios han reportado que los niños criados por padres del mismo sexo experimentan bullying y acoso homofóbico en la escuela, los jóvenes que informaron sentirse excluidos o aislados asistían a colegios que no reconocían su composición familiar. Estudios de países que han legalizado el matrimonio igualitario muestran que un factor importante para reducir el acoso de niños de familias homoparentales en contextos fuera del hogar es la normalización de familias diversas, por ejemplo, por parte de maestros en el entorno escolar. En otras palabras, los adultos somos responsables y tenemos la capacidad de cambiar actitudes y conductas de discriminación.
Las personas homosexuales pueden llegar a la maternidad o paternidad de muchas maneras, a través de las relaciones heterosexuales, o como madrastras, padrastros, o cuidadores temporales. Lo cierto es que en Panamá, como en todos lados, las parejas del mismo sexo y personas homosexuales solteras ya tienen hijos. La evidencia es clara: la familia “tradicional” no es la única ni la mayoría; las familias son diversas y hay que apoyarlas a todas.
Cada quien tiene el derecho de no estar de acuerdo con el matrimonio igualitario por motivos de “moral” o religión u otra razón personal. Pero el argumento de que perjudica a los niños no está sustentado por la evidencia científica actual. No confundamos posiciones personales con hechos, y procuremos tomar decisiones basadas en la ciencia y no en una opinión.
La autora es investigadora del Centro de Neurociencias del Indicasat y miembro de Ciencia en Panamá