Todos somos conscientes del precario estado en que se halla el sistema educativo en Panamá.
Sin intención de hacerme llamar un experto en el sector, no puedo evitar preguntarme, ¿a qué se debe este problema?
Algunos culparán al desinterés político de reformar nuestro sistema educativo, ya que un pueblo sumergido en la ignorancia es menos beligerante y crítico, por ende, mucho más fácil de controlar.
Pensándolo bien, el problema va más allá, y es que desde nuestro nacimiento como país no hemos conocido un modelo de educación diferente. Siempre hemos tenido el modelo básico de que las ciencias y las letras son lo más importante para crear “ciudadanos exitosos”.
Este no es un problema exclusivo de la cultura panameña. Y es que antes del siglo XIX, en el mundo no existía la educación pública como obligación del Estado. Solo la burguesía era quien podía recibir educación.
La revolución industrial creó la necesidad de que la clase obrera estudiara para que fuera más eficiente en las fábricas, creando una necesidad de educación pública “cuadrada”, que pudiera producir profesionales en ciencias y letras mientras que despreciaba a los estudiantes con pericias en las artes y el pensamiento creativo.
En el siglo XX, graduarse de bachiller era sinónimo de encontrar empleo; y sí, quizás el sistema que se creó en ese momento era funcional.
Pero, ¿qué ha cambiado en nuestros tiempos? Todo ha cambiado, todo lo enseñado se encuentra al instante en un ordenador, y se ha creado una “inflación educativa”.
Nuestro sistema académico sigue produciendo ciudadanos preparados para vivir en el siglo XX y no en un mundo más globalizado y en constante cambio, con estudiantes preparados para memorizar y no para ser creativos, emprendedores o innovadores, características esenciales para sobrevivir en el mundo actual.
La educación es como la ley, debe estar en constante evolución paralelamente con la sociedad en la que se vive.
Hoy Panamá se jacta de tener una economía pujante, pero, ¿estamos preparados para el futuro? ¿Qué será de nuestros jóvenes educados en un sistema atrasado, que desecha la creatividad y el pensamiento innovador, y que enaltece la memoria sin análisis crítico?
Se ha preguntado cómo sería su vida si hubiera recibido educación eficaz. ¿Dónde estaría y qué diferente vería lo que le rodea?
La realidad del mundo y de Panamá exige a gritos una revolución educativa. Esperemos algún día alcanzar una educación acorde con nuestros tiempos.
El autor es abogado.