Corresponde, creo yo, a un poco de sentido común y simple matemática, contemplar la falta de un enfoque práctico en cuanto a la plaga de los nacimientos entre las menores de edad desde hace varios años, a nivel de 15 mil por año, o sea, tan solo en este siglo esta cifra multiplicada por 18 años nos resulta en la producción masiva de bebés, resultando en nada menos que en 280 mil almas (repito para que escuchen, 280 mil).
Obviamente, a esto hay que agregar también las 280 mil madres solteras de los estratos básicamente empobrecidos, lo que en suma nos resulta en más de medio millón de almas sin educación básica , sin ninguna profesión que sirva para mantenerlos y alimentarlos. Que sobrevivirán básicamente de becas, dádivas y subsidios pagados, cómo no... de nuestros impuestos.
Medio millón de almas de estratos paupérrimos entre la población de 4 millones de habitantes del país, que nos resulta en cerca del 13% de desempleados o medio desempleados de por vida, lo que contradice de plano las estadísticas de fantasía de la administración, de un desempleo de tan solo 6% a nivel nacional , lo que sería la envidia de toda Europa.
Mientras tanto, los juristas, sociólogos, psicólogos, moralistas y activistas de Lgbti y otros “doctores” en estas ciencias, discuten las ventajas y desventajas de la educación sexual y sus implicaciones, comenzando a nivel del kínder, mientras la juventud les ignora y se ríe de estas discusiones estériles, y hace lo suyo mientras puede “fácil, rápido y sexi”, lo que no es nada más que inundar al país con una fábrica de producción de pobreza.
Hay disposiciones legales sobre diversas actividades que establecen requisitos de edad para varias de ellas. Así tenemos el limite de 18 años de edad para la votación nacional, permiso de apertura de cuentas bancarias, disposiciones sobre las propiedades, para conducir el auto, contraer matrimonio, posesión de armas y muchas más, todo esto para poder hacer funcionar el país y las actividades humanas en forma ordenada y sensata.
Ahora bien, permítanme afirmar, sin temor a equivocarme, que la sexualidad es también un arma poderosa y, por tanto, debería estar bajo control y preferiblemente en paz y tranquilidad también hasta los 18 años, dedicándose los jóvenes a sus libros y sus estudios, evitando que su ansia de sexo “ fácil y rápido” no quiebre sus vidas y no lleve a la mayor pauperización de los barrios populares. Por tanto, lo que nos presenta últimamente La Prensa son puras deliberaciones académicas que no contribuyen para nada en controlar el desorden que tenemos, ya para qué, ya es demasiado tarde.
La sexualidad es como tener armas en el gabinete de la casa: o está bajo control de los padres o está al libre alcance de sus hijos. Es de común conocimiento que en Estados Unidos, en casi todas ocasiones, los padres tenían pleno conocimiento del arsenal de las armas que poseían sus hijos menores antes de cometer los múltiples asesinatos en los colegios. Por ende, la educación sexual y la vida sexual de los menores es básicamente un asunto del hogar, no de la escuela. Cuando la mayoría de los nacimientos en el país son de madres solteras, qué podemos esperar de las jovencitas educadas por las dichosas telenovelas.
Tal como se ven las cosas, parece ser que esta batalla ya está perdida, ya es tarde para la educación sexual, ya el mal está hecho, más aún, la sociedad está enferma, el país está corrupto hasta los huesos, la administración es incompetente y la legislación arrogante, así que no creo que nos vamos a enderezar en este siglo, y lo que nos espera es el camino a la bancarrota frente a las fábricas de pobreza. Ojalá que me equivoque, pero algo me dice que estoy en lo cierto.
El autor es catedrático en la Universidad de Panamá