LITERATURA

Los factores perdidos

Si tan solo pudiéramos descubrir lo bello y frágil que sale del poema en el acontecer cotidiano de la vida escolar de los planteles, apreciar las ideas que blande el ensayo, beber las memorias idas y las historias épicas que el cuento y la novela narran, estremecerse con los ríos de llantos y risas que crean el drama; si pudiéramos tan solo hacer que los libros fueran los consejeros de los más jóvenes para que pudieran confrontar la experiencia de la vida con el conocimiento, la naturaleza y la ciencia que los hace realmente humanos.

Si tan solo pudiéramos devolver la dignidad a la biblioteca pública, rural y escolar, hacer que esos espacios poéticos fueran más que un depósito de conocimiento; que de sus salas se escuche la voz del poeta, la del narrador y la del niño leyendo en voz alta su cuento favorito; la de la maestra dedicada que busca el libro preciso, la del bibliotecario que como un Quijote lucha contra marea hasta caer la tarde.

Y, ¿si la lectura es el arco que tensa los factores necesarios para conocer las necesidades y urgencias de la nación? Y, ¿si es el libro el instrumento más útil para democratizar y liberar a la criatura humana? Y, ¿si leer es un derecho que aún no ha sido descubierto? Y, ¿si es a través de las bibliotecas que podemos convocar una asamblea de diálogos e inquietudes del pueblo para llegar al consenso ciudadano? Y, ¿si la poesía aún puede aspirar a rescatar lo que aún nos queda de cortesía y nobleza?

¿Cuándo perdimos el norte, acaso el sur? ¿Cuándo el libro dejó de ser nuestro mejor amigo? ¿Cuándo la lectura dejo de ser la ilusión que arrullaba nuestros pensamientos y elevaba los espíritus? ¿Cuándo las rondas y los trompos fueron cambiados por el zumbar de las balas? ¿Cuándo dejamos de tenerle miedo a la Tepesa y a La Silampa, para aterrarnos con el cuchillo amenazante? ¿Cuándo dejamos de jugar en el bosque para perdernos en el mall, donde el lobo no existe?

El autor es escritor

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