Competencia

Farmear aura: libertad versus control

Farmear aura: libertad versus control

Recientemente, los jóvenes han viralizado las llamadas batallas de “farmear aura”. Se trata de una competencia entre jóvenes que, con confianza y creatividad, realizan movimientos o acciones para superar a sus rivales y demostrar quién es más “pro”.

Más allá de lo curioso de la tendencia, hay algo interesante detrás de estas batallas: las personas se sienten seguras de sí mismas, se atreven a expresarse y, sobre todo, pierden el miedo a quedar en ridículo. Sus acciones son observadas y aplaudidas por quienes los acompañan. No existe un juez que determine quién tiene más “aura”. Son los propios participantes y espectadores quienes, espontáneamente, terminan otorgando ese reconocimiento.

Hay aquí una pequeña muestra de orden espontáneo. Nadie tuvo que diseñar las reglas desde arriba, crear una institución que organizara la competencia o decidir quién podía participar. Los individuos encontraron una actividad, establecieron sus propias dinámicas y comenzaron a competir, crear y expresarse.

La libertad necesita precisamente de personas dispuestas a hacer algo que los demás puedan considerar arriesgado, extraño o incluso ridículo. Se necesita valor para crear, innovar y expresar una idea cuando no existe ninguna garantía de que será aceptada.

Todos los días, miles de personas intentan crear nuevos bienes y servicios. Compiten por nuestra atención, por nuestra confianza y, finalmente, por nuestra decisión. Cada emprendedor tiene que enfrentarse a otros que también creen tener una buena idea. Algunos tendrán éxito; otros fracasarán.

Quien mejor consiga satisfacer las necesidades de los demás obtiene una recompensa. En el mercado, esa recompensa puede ser el reconocimiento de miles o millones de personas que deciden comprar voluntariamente su producto o contratar su servicio.

Personas que, sin que nadie les diga exactamente qué producir, cómo hacerlo o con quién intercambiar, se organizan espontáneamente para crear cosas extraordinarias. Personas que actúan bajo reglas generales: el respeto a la propiedad privada, la vida y la libertad de los demás, el cumplimiento de los contratos y unas reglas de juego relativamente claras.

Una sociedad libre no promete que todos van a ganar. Promete algo más importante: que todos pueden intentarlo dentro de unas reglas que se aplican de manera general. El que tiene una mejor idea puede desplazar al que ayer era el número uno. El que innova puede superar al que dominaba el mercado. El que encuentra una mejor manera de satisfacer a los demás puede obtener su recompensa. Como en una batalla de “aura”, cualquiera puede venir a quitarle la corona.

Para “farmear aura” hay que atreverse a salir al centro del círculo. Hay que aceptar la posibilidad de fallar frente a los demás. Hay que confiar en las propias capacidades y aceptar que otro puede hacerlo mejor.

Una sociedad libre funciona de manera parecida. Necesita personas dispuestas a salir al centro del círculo, intentar algo nuevo, competir y aceptar el resultado. Necesita reglas que impidan que alguien destruya a su rival mediante la fuerza, el privilegio o el abuso, pero que permitan que la competencia determine quién logra convencer a los demás.

Porque cuando una persona puede perseguir sus propios fines, expresarse libremente, intercambiar con otros y competir en igualdad de condiciones, no necesita quitarle el “aura” a los demás para conseguir la suya.

El autor es miembro de la Fundación Libertad.


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