Recientemente, se publicó la lista de los países más felices del mundo, en los que Islandia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Suecia, Suiza y Canadá encabezan la lista. Curiosamente, todos son países muy fríos. Entre los aspectos que se destacan están que tienen muy bajo nivel de corrupción gubernamental, que respetan y aseguran el derecho a todos sus habitantes a ser felices, procurando que cuenten con las necesidades básicas satisfechas (techo, educación, seguridad, trabajo, alimentación y justicia).
Estos conceptos surgen de nuevos hallazgos de las neurociencias y se refieren a la inteligencia emocional: la capacidad para conocer y manejar nuestros sentimientos propios; de motivarnos y dirigirlos correctamente en nuestro ser; a la vez interpretar o enfrentar los de los demás para ser eficaces en la vida ,creando hábitos mentales que favorezcan nuestra productividad y nos abran la puerta a la felicidad, sentimiento que anida en nuestro cuerpo, que dejamos que se enturbie con facilidad, a veces por ahogar las emociones, en vez de dirigirlas y equilibrarlas.
La emoción es el combustible indispensable para el cerebro, por lo que las situaciones que producen alegría alimentan nuestra salud mental y corporal . La falta de contención, las rabias por las injusticias o aceptación de que el mundo no es perfecto, nos enferman, psíquica y corporalmente. La ira, frustración, rechazo, tristeza , al igual que la alegría, sonrisas, afecto, aceptación, son fuente de energía, influencia e información. No son buenas ni malas. Lo importante es lo que hagamos con la información y las emociones que producen.
En las elecciones, votemos por esa persona que devolvería la alegría innata del panameño (nunca ha sido un pueblo deprimido , excesivamente agresivo y desconcertado, como la corrupción nos ha tornado). Por aquella persona que nos dé señales emocionales, prometiendo liberarnos de esta terrible racha de robos, aniquilamiento y falsedad en que estamos sumidos; con el objeto de liberarnos, para que seamos mejores personas y volvamos a ser felices.
Estudiemos su trayectoria, la de sus partidos, su desempeño y productividad como funcionarios, formación académica y conducta ética o irregular (“pavearse”, contratar familiares, clientelismo y viajes inútiles). En nuestras manos está nuestro futuro, felicidad o destrucción de nuestro país. ¡Hay que quitarles el poder!
El autor es psicólogo, docente y escritor
