Panamá figura como el país número 39 en la lista de los países más felices del mundo, tres puestos más abajo que España, el número 36, de 143 países. «Los autores coinciden en que el Informe Mundial sobre la Felicidad se ha convertido en un recurso indispensable para satisfacer el creciente interés mundial en priorizar la felicidad o su bienestar en la formulación de políticas gubernamentales», y uno se pregunta, en serio, si los gobiernos se leen estos informes y si la gente sabe de verdad qué es bienestar o felicidad.
El gobierno saliente, el de Nito y su combo, no creo que se haya leído ni este ni ningún informe porque, en contra de cualquier felicidad o bienestar posibles, ha conseguido duplicar la deuda pública, mientras que la Asamblea duplicó su planilla el pasado 2023. La felicidad es, para los más sin vergüenzas, aprobar en cinco minutos la creación de un nuevo distrito y corregimientos en la tierra de Tristán Solarte.
La felicidad es un estado al que siempre estamos intentando ir, que alcanzamos un instante y luego se pasa. La felicidad, su búsqueda, es parte de la vida, pero no es un fin en sí mismo, eso no existe. Lo que es muy real y concreto es la deuda que va a lastrar al gobierno entrante, que tendrá que llevar a cabo con pocos recursos sus promesas electorales, sin que la mayoría de los candidatos nos diga cuánto cuesta realizarlas.
No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni infeliz más grande que el que ignora sus circunstancias solo por no enfrentarse al reto de cambiar las cosas, optando por aquellos que quieren una oportunidad de hacer las cosas bien hechas, o por lo menos de una manera diferente, empezando por la Asamblea, y sin olvidar el palacio de las Garzas: no hay mayor felicidad y más barata que la que produce dejar fuera a los corruptos, a los unos y a los otros, y empezar otra vez.
El autor es escritor
