Recientemente, Luis Alberto Hooper señaló en un artículo que durante los próximos meses de junio, julio y agosto los perigeos lunares moverán vientos calientes que provocarán sequías y el calentamiento de las aguas superficiales del océano Pacífico (La Prensa, “Opinión”, 7 de abril de 2018). Los perigeos lunares son los puntos de la órbita de la Luna en los que existe menos distancia en relación con el centro de la Tierra. Sin embargo, aunque provocan cambios en las mareas, no son los causantes del aumento de la temperatura del mar, de las sequías y del fenómeno de El Niño.
En condiciones normales, la presión es más alta en el este que en el oeste del Pacífico tropical, coincidiendo con una irregularidad en la temperatura superficial del mar (más frío en el este). Esto obliga a los vientos a desplazarse del este al oeste, porque se mueven de presión alta a baja.
En la medida en que estos vientos, llamados alisios, arrastran el agua hacia el oeste desde el este, el agua fría del fondo del mar sube en la costa este del Pacífico para llenar este vacío, lo que a su vez sustenta las presiones altas. Este es un sistema acoplado entre atmósfera y océano, pues los cambios en el océano afectan a la atmósfera y viceversa.
En cambio, cuando la región este tropical del Pacífico se calienta más de 0.5 °C por encima de la temperatura media de manera prolongada, entramos en un periodo llamado El Niño. Esto ocurre cada dos a siete años, y forma parte de la variabilidad natural de los océanos y el clima terrestre.
Con el incremento de la temperatura del agua en el este del Pacífico, la presión es más baja de lo normal en el este y más alta de lo normal en el oeste. Esto disminuye el gradiente de presión, así que los vientos alisios se debilitan, ya no sube tanta agua fría del fondo del mar, y se empieza a acumular más humedad de lo normal hacia el este, provocando lluvias en Perú y sequías en Indonesia.
En Panamá, El Niño ocasiona sequías intensas y más calor. Todo este cambio ocurre en un intervalo de seis meses, aproximadamente de junio a noviembre.
Para pronosticar la ocurrencia de El Niño, la Administración Nacional del Océano y la Atmósfera (NOAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos observa diariamente la temperatura en el Pacífico tropical, la intensidad y dirección de los vientos tropicales y la acumulación de nubes en el oeste. Esta información es útil para planificar medidas de mitigación a partir de evidencia científica de probada objetividad.
Por ahora, se está viendo que el océano no se aproxima a la fase de Niño y la atmósfera no muestra cambios importantes, así que no se espera un Niño en el segundo semestre de 2018. Para llegar a un Niño, océano y atmósfera tienen que mostrar cambios.
El autor es biólogo y científico ambiental e n la Universidad Tecnológica de Panamá, y es miembro del movimiento Ciencia en Panamá.
