DERECHO

La figura del juez en el sistema panameño

Últimamente, mucho se ha dicho sobre el rol que deben desempeñar los juzgadores en la ardua, continua y compleja labor de administración de justicia. No obstante, más allá de las coyunturas que atraviesen nuestras sociedades, subyace la necesidad de reflexionar de manera más profunda qué representa la figura del juez.

Particularmente, el juez del sistema continental no crea derecho, pero tiene la tarea de interpretarlo y aplicarlo al caso concreto. Empero, ¿qué abarca la interpretación del derecho?; en el fondo, ¿qué es lo que realmente el juez está interpretando?

El derecho, en un sentido lato, constituye el acuerdo social al que llegan los asociados para regir sus relaciones humanas. De hecho, podemos decir que el derecho, en su estado puro, es la expresión cultural por antonomasia, porque identifica a un pueblo.

Entonces el juez, más que ser un intérprete automático de leyes, es un guía social, porque analiza y aplica la voluntad colectiva plasmada en las normas jurídicas, sin desatenderse del avance y el alcance de las ideas que se desarrollan en el curso de los tiempos.

Una jurisprudencia rica y consecuente con el ideal de justicia, refleja la realidad social de una nación. Si bien se ha entendido que en un sistema codificado como el nuestro no se precisa de mayores ejercicios dialécticos en los pronunciamientos judiciales, máxime cuando se demanda celeridad en los juicios, no se puede soslayar la necesidad de expresar una motivación convincente y profunda en los hechos y el derecho. La calidad de la jurisprudencia dice mucho de la judicatura, y consecuentemente, de un país.

Por tanto, como se ha entendido siempre, el juez ha de ser la persona más sabia, ecuánime y respetable del pueblo; ha de ser un filósofo, y debe tener la mente desprovista de toda pasión circunstancial, ya que su labor debe atenerse a la esencia misma que ha motivado la creación de las leyes: ni más ni menos.

La figura del juez es imperativa para la convivencia social y el mantenimiento del orden, porque garantiza el cumplimiento de las normas. Cuando se desconfía o se demerita a quienes tienen el deber de hacer justicia, lo que eventualmente puede llegar a imperar es la barbarie y la anarquía, ya que cada quien se arrogará la “verdad” y el derecho de imponerla a la fuerza.

Por ende, a nadie afecta más la propaganda del “debilitamiento institucional del sistema de justicia” que a la sociedad misma. En pocas palabras, si no se cree en las instituciones, no se cree en la justicia, y por tanto, no puede haber orden.

En síntesis, podemos decir que el juez desempeña, directa e indirectamente, una función elemental en la formación de la concepción sociológica y cultural del hombre panameño, por el hecho de que en sus fallos se ve reflejado “el deber ser” que el legislador patrio ha tenido a bien plasmar en las disposiciones legales, motivado por la causa o el contexto nacional en concreto.

El autor es abogado.


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