Las universidades públicas y privadas en nuestro país o sea, las instituciones académicas de educación superior, deberían aportar estadísticas que ayuden a elaborar planes o programas para resolver los múltiples problemas que afectan a la sociedad panameña.
Para ilustrar estas fallas de los centros de educación superior y que afectan severamente la calidad de la enseñanza en todos sus niveles, vale dar una mirada tan solo a un aspecto que ya está perjudicado y que los encargados de las universidades y los que rigen las políticas educativas al parecer no les interesa indagar y solucionar, y es lo referente a quiénes son los que ingresan y egresan actualmente a la licenciatura en español. ¿Poseen los egresados las competencias que se requieren para ejercer como docentes? ¿A qué se debe la escasa comprensión lectora que demuestran los estudiantes de educación básica, media y universitaria?
Por ejemplo, en la tan criticada y cuestionada Universidad Autónoma de Chiriquí, aproximadamente un 75% de los que ingresan a la Escuela de Español son estudiantes de la etnia Ngabe – Buglé y la situación preocupa no por su origen etno – antropológico per se, sino que al no ser el idioma español su lengua materna, sumado a las pésimas condiciones socioeconómicas y de aislamiento geográfico, determinan que la educación que reciben la población de la comarca es pésima y que redunda en que los egresados de los colegios carecen de las habilidades para la escritura y lectura del idioma español.
Incluso esta población estudiantil no suele expresarse oralmente de forma correcta, así que entender las múltiples reglas que rigen para redactar y hablar apropiadamente este idioma, es una tarea titánica, si no hay una intervención didáctica adecuada para superar estas graves deficiencias y no lo que sucede actualmente, donde lo que se da es una complacencia para buscar la aprobación a través de mantener la cantidad de estudiantes matriculados, en detrimento de la calidad académica.
Cabe preguntarse si Meduca hará algo para medir las capacidades de los egresados de estos programas y pedir cuentas, dado que este ministerio es el máximo rector de la educación panameña y de que las universidades son los responsables de la formación de los profesionales y que ellas han dejado de lado la misión inherente como instituciones educativas, por dedicarse más a la política gobiernista. Esto se refleja en los bajos resultados obtenidos por estudiantes panameños de escuelas públicas, en las pruebas nacionales, regionales o mundiales que miden la comprensión lectora, entre otras.
La autora es docente universitaria retirada.
