Tal y como se continúa fracasando en la política y la geopolítica en el mundo, en Panamá como en otros países de América Latina, los gobiernos y la sociedad no se ocupan en responder a la urgente necesidad de formar, adecuadamente, a las nuevas generaciones, lo que debe partir de la formación en la familia, como en los entes creados para tales efectos. Otro error de la mal llamada “democracia” imperante. Los fracasos escolares, en aumento en 2017 en Panamá, constituyen una grave muestra de la realidad de una situación insostenible que emana de un sistema occidental empecinado en que exista, no solo un dominio geopolítico, sino en que, para ese logro, se mantenga y amplíe la ignorancia en las grandes mayorías de los pueblos, utilizando para ello todos los recursos y mecanismos para limitar la capacidad que nos dan los conocimientos como seres humanos, y que, por el contrario, cada día, se acepten y faciliten predominios de países, razas y élites socioeconómicas y políticas que se autoerigen como “superiores” con todos los derechos y privilegios.
Esa es una realidad, no una percepción, que puede colegirse de todo cuanto sucede en nuestros países latinoamericanos y alrededor del mundo. En la medida en que predomine la ignorancia, el poco importa, la pérdida de valores y el desconocimiento de la cultura, más fácil será la dominación y el avasallamiento impuesto por el predominio de las armas y el poder económico-financiero. Como parte de ello se pregona que no es necesario el conocimiento de la historia, como dijo el expresidente Obama en su corta visita a Panamá para la Cumbre de los Pueblos en nuestra universidad.
Las “potencias” que a través de esa historia universal nos hanimpuesto sus conquistas, su colonialismo, sus saqueos, crímenes y violaciones, no quieren pueblos cultos capaces de desarrollar analogías, acertados pensamientos críticos ni capacitados para entender y aplicar cambios pluralistas basados en justicia, equidad, cooperación y paz. No, para ellos debe continuar la esclavitud, la dependencia y los vasallos, todo para ellos; limosnas y “ayudas” para los demás. Si no lo aceptan imponen sanciones, bloqueos, invaden y se toman los países.
Las opciones previas van desde colocar a quienes desafíen su poder en “listas” grises o negras sin derechos ni pruebas, desapariciones forzadas, cárceles clandestinas; campañas mediáticas difamatorias, golpes o defenestraciones judiciales y todo un andamiaje planificado que se oculta y que los pueblos sometidos a la ignorancia, y sin capacidad analítica, sean capaces de aceptar dosificada o descaradamente.
Así vemos a grandes mayorías de nuestras juventudes con una pésima escritura, ortografía y comprensión, para empezar. Se ha desechado al ser humano pensante para atender a las “demandas del mercado”, donde ni siquiera hablas y escribes bien tu lengua nativa o madre, pero debes aprender inglés -que no es malo-. O sea, formamos una especia de robots humanos ajenos al conocimiento y desarrollo cultural. En Panamá, por ejemplo, existe un mal llamado Instituto Nacional de Cultura, un ente fantasma politizado que no cumple las mínimas expectativas en sus supuestas funciones. Al respecto estoy presentando un anteproyecto de ley para iniciativa legislativa creando un Ministerio de Cultura y Deportes, pues Pandeportes tampoco cumple con lo mínimo.
Los estudiantes panameños desconocen hasta su historia reciente, fundamento básico de la nacionalidad y las aspiraciones personales y profesionales. Es toda una dramática situación que amerita corregirse y establecerse como política de Estado si, de verdad el pueblo quiere tener un país y no una caricatura, donde unos vivarachos vienen aprovechándose de las bondades de un territorio y de un pueblo que merece mejores destinos.
Ya, los mismos, con las mismas de siempre, muchos emparentados, vienen hablando de candidaturas y promesas sin indicar cómo y en cuánto tiempo las harían realidad. Son los mentirosos e hipócritas de siempre -con otra cara- pertenecientes a las mismas élites corruptas que le roban criminalmente al pueblo el fruto de su sudor depositado en el Tesoro Nacional con sus impuestos y que luego tratan de comprarles entregando un jamón, una bolsa de arroz o una beca con la plata que no es de sus bolsillos.
El pueblo panameño debe mirar bien que los fracasos de sus hijos en la educación, son el reflejo de su fracaso. Se impone no continuar apoyando con su voto a los mercaderes y financiadores de la política sucia, y rechazar y protestar masivamente ante los abusos.
El pueblo tiene el poder, y debe usarlo cuando es necesario.
El autor es periodista-analista internacional
