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Franklin, Lewitt y Mangold

¿Qué tienen en común Henrietta Leavitt, Rosalind Franklin e Hilde Mangold? Para contestar esta pregunta necesitaremos revisar brevemente sus historias.

¿Cómo se mide la distancia a una estrella lejana o a una galaxia? Coloca un telescopio con una placa fotográfica reemplazando el ojo humano, y se podrá capturar más y más luz por horas. A finales del siglo XIX, la fotografía celestial se convirtió en una revolución en astronomía y en el centro de esta estaba el Observatorio del Colegio de Harvard. Edward Pickering era el director del observatorio en 1877, cuando inició un amplio programa de fotografía celestial. Decepcionado por el trabajo realizado por jóvenes varones, una vez dijo: “mi sirvienta de Escocia puede hacer mejor trabajo” …Williamina Fleming, entonces la sirvienta de Pickering fue nombrada para liderizar un grupo de mujeres computadoras (así se le llamaba a los hombres y mujeres dedicados a hacer cálculos matemáticos). Estas mujeres toleraban recibir pagos más bajos que los hombres (30 centavos/hora), pero eran más meticulosas. La más famosa de este equipo, Henrietta Leavitt (1868-1921), observó lo que otros no pudieron en las placas fotográficas. Esta capacidad de observación de Leavitt se piensa pudo ser secundaria a que era sorda por una meningitis que padeció cuando joven. En estas placas, Henrietta se percató de la variabilidad en brillo de las estrellas, y de todas estas (descubrió más de 2,400 estrellas variables), su pasión fueron las Cefeidas cuyo brillo variaba en períodos regulares. Basada en esta observación generó los cálculos que sirvieron de base para medir distancias en el espacio como a las galaxias o estrellas. Luego de los hallazgos de Henrietta, Pickering publicó el trabajo bajo su nombre y no el de Leavitt, hasta que en 1924 Gösta Mittag-Leffler, de la Academia Sueca de Ciencias inició un estudio científico que colocaría a Leavitt en la nominación para el premio Nobel, pero solo para descubrir con sorpresa que Leavitt había muerto de cáncer tres años antes (1921).

¿Pueden las moléculas (conjunto de átomos) ser observadas? Una de las moléculas más famosas a mediados del siglo XX era el ácido desoxirribonucleico o ADN. Su fama en ese entonces radicaba en que ya por los aportes de investigaciones previas por Darwin, Mendel, Miescher, Boveri, Griffith, Avery, McLeod, Chargaff, entre otros, se sospechaba que era la responsable de la información genética. Pero cómo era esta molécula y cómo se transmitía la información, requirió del ingenio de otros protagonistas. Para ese entonces la física había logrado también importantes avances y ya Erwin Schrödinger (físico y filósofo austríaco) había publicado su famoso libro (What is Life?) y algunos le contestaron que la respuesta estaba en la química y no en la física. Uno de los avances fue la técnica de cristalografía de rayos-X (o difracción de rayos X), de la cual Rosalind Franklin (1920-1958) fue una de sus mejores exponentes. En el invierno de 1950, JT Randall había reclutado a Franklin para trabajar en la Unidad de Biofísica del King´s College. Allí Franklin conoce a Maurice Wilkins quien se encontraba trabajando en un proyecto acerca de la estructura cristalográfica del ADN. Hasta ese entonces el modelo cristalográfico más aceptado era el propuesto por Linus Pauling en forma de triple hélice. La relación de Franklin con Wilkins no fue la mejor. Wilkins mientras, había hecho amistad con otro investigador del ADN, James Watson quien en conjunto con Francis Crick (Watson y Crick trabajaban en los laboratorios Cavendish en Londres), pasaban horas armando la estructura del ADN basándose en las reglas de Chargaff recientemente publicadas, que establecían que la cantidad de adenina (A) es igual a la de timina (T) y la cantidad de guanina (G) es igual a la de citosina (C). Paralelamente, a mediados de 1950, Rosalind Franklin junto con su estudiante de PhD Raymond Gosling ya habían obtenido la foto por cristalografía del ADN (vista desde arriba) que simulaba una doble hélice (y no triple como la de Pauling). La foto (conocida como “la foto 51″) llega a las manos de Watson y Crick por intermedio de Wilkins (cómo llegó es motivo de controversia). Esta imagen fue la que sirvió de base a Watson y Crick para elaborar la todavía vigente estructura de doble hélice del ADN. Una década después (1962), Watson, Crick y Wilkins fueron galardonados con el Premio Nobel en Fisiología o Medicina. Lamentablemente Franklin había muerto cuatro años antes (1958) de un cáncer de ovario. En 1968, Watson publicó sus memorias en las que reveló el crucial papel que jugó la “foto 51″ tomada por Rosalind Franklin en el descubrimiento de la estructura de doble hélice del ADN.

¿Dónde en el embrión radica la información para construir un cuerpo y qué forma toma esta información? A principios de 1903 el embriólogo alemán Hans Spemann, empezó a investigar cómo las células aprendían a construir un cuerpo durante la embriogénesis. Su meta era encontrar dónde en el embrión residía la información para construir un cuerpo: era en todas las células o en grupo de ellas. Para ello, Spemann diseñó un experimento ingenioso que consistió en tomar un huevo de un anfibio y dividirlo por la mitad usando un diminuto fragmento de cabello de su hija. El resultado que obtuvo fue dos cuerpos de un mismo huevo (lo mismo que ocurre con los gemelos idénticos). En la mitad de la década de 1920, Hilde Mangold, una estudiante graduanda trabajando en el laboratorio de Spemann, tenía una capacidad impresionante para manipular con sus dedos pequeñas materias como embriones. Mangold realizó un experimento en el que tomó (arrancó prácticamente) un pequeño fragmento de células de un embrión y lo trasplantó en otro embrión. Lo que Mangold había trasplantado no era cualquier fragmento sino un grupo de células capaces de formar las tres capas embrionarias: ectodermo, mesodermo y endodermo. El resultado de este experimento fue el desarrollo de dos cuerpos. A este pequeño fragmento de tejido capaz de dirigir la formación de un cuerpo se le denominó “el Organizador”. El trabajo de disertación de Mangold valió para el Premio Nobel, pero no para ella, quien murió trágicamente luego de un incendio provocado por su estufa de gas. Spemann ganó el premio Nobel en 1935 y el mismo lee: “su descubrimiento del Organizador y sus efectos en el desarrollo embrionario”.

Tres mujeres, tres científicas, trabajando en condiciones desiguales, tres tristes desenlaces y tres significativos aportes para la ciencia y la humanidad: “sostenemos esta verdad como si fuera evidente” (Thomas Jefferson-1776).

El autor es médico hematólogo.


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