La inmensa mayoría de los ciudadanos están bajo la impresión de que la Policía tiene funciones que en realidad no tiene; por ejemplo, la de sustituir en su totalidad la responsabilidad que cada uno tiene en la protección de su integridad y su vida. Los policías no están dotados del don de la omnipresencia, y por tanto, su función es de apoyo y no de suplantación; aunque en la práctica nuestras autoridades actúan como si se les hubiese delegado el 100% del mandato de seguridad. En Estados Unidos la Corte ha dictaminado que la Policía y sus policías no están cargados con una tarea sino parcial de nuestra seguridad, dado que más es imposible; entre otras, porque quedarían expuestos a demandas civiles.
El artículo 301 de nuestra Constitución lee así: “(...) la conservación del orden público, la protección de la vida, honra y bienes de quienes se encuentren bajo jurisdicción del Estado”. Pero ¿cómo hemos de entender eso de “la protección de la vida? La realidad es que ni los legisladores han visto bien el asunto, como tampoco las autoridades ni los ciudadanos, que vivimos engañados. ¿Cómo conjuga todo ello con toda la dificultad que interpone el gobierno para que los ciudadanos puedan tener los medios legítimos para su defensa? Es decir, que el gobierno actúa en contra de la seguridad ciudadana cuando dificulta la expedición de armas de fuego y sus municiones. Pero ya veremos cómo le hacen en un futuro próximo cuando vayan saliendo otros medios de defensa; que, de hecho, ya están saliendo al mercado. ¿Será que intentarán controlar y prohibir toda la impresionante gama de medios de defensa u ofensa emergentes?
La Policía y sus agentes están encargados de cumplir con ciertas faenas de seguridad, que tendrán éxito siempre y cuando las lleven a cabo de forma profesional y científica.
¿Acaso cumplen a cabalidad con el encargo? Por otro lado, los ciudadanos no le ponemos mucha atención al alcance de la delegación que hemos dado, lo cual queda evidente cuando vemos que rutinariamente no se ocupan de lo que sí corresponde, al tiempo que se ocupan de lo que no corresponde; tal como cuando realizan retenes que no cumplen con las formalidades de la ley. O peor, cuando los retenes se vuelven pandillas de asalto.
El hecho de que se le encargue a un agente que vele por la seguridad comunitaria no se traduce en que el agente siempre se lance a la refriega sin mayores contemplaciones. Por ejemplo, si dos agentes andan en patrulla y se encuentran con una pandilla armada con fusiles de guerra que están acribillando a quienes van en un automóvil, ¿tienen la obligación de batirse a tiros con los facinerosos? Yo no lo hago, sino llamo por refuerzos, que cuando lleguen, los del automóvil agredido habrán pasado a mejor o peor vida.
El gobierno debe aclarar a la ciudadanía acerca de las limitaciones de la Policía y la importancia o responsabilidad de los ciudadanos en la protección de su vida y la de los suyos. Cada año vemos crecer y crecer la Policía centralizada, en vez de descentralizarla; lo cual hace pensar que, tal vez, ello ocurre por otras razones que poco o nada tienen que ver con proteger nuestras vidas. Yo sostengo que se debe al celo o miedo que tienen los malos gobernantes de un pueblo harto de tanta vagabundería; lo cual los lleva a rodearse de más y más personal armado. Y cuidado con aquello de crear cuervos, pues te pueden sacar los ojos; de hecho, ¿no es eso lo que ya nos pasó anteriormente?
El autor es empresario