Ahora que ha pasado la euforia de la última Copa del Mundo disputada en Rusia, se puede discutir lo que por años ha dividido a historiadores y sociólogos: ¿es el fútbol representativo de cada país una consecuencia de su historia e idiosincrasia, o simplemente obedece al carácter universal que despliega cada deporte? Henry Kissinger, el que fuera secretario de Estado de Estados Unidos, escribió un ensayo en 1986 titulado La Copa del Mundo de acuerdo al Carácter, en que exponía su teoría de que “nadie podría confundir un equipo brasileño con uno alemán”. En esto, hace eco al sociólogo brasileño Gilberto Freyre, que produjo un clásico titulado Masters y Esclavos. Freyre dice que el soccer brasileño transformó el estilo “británico y apolonio”, convirtiéndolo en un baile dionisiaco que refleja a los bailadores de samba y al arte marcial de los luchadores de capoeira. Bastaba con solo ver a Pelé y Garrincha. Tenemos a Italia, cuya historia proporciona el ejemplo de ciudades –estado que continuamente competían por el dominio político y militar. Los italianos desarrollaron un estilo organizado, altamente defensivo, llamado catenaccio (puerta ).Para el director fílmico italiano Pier Paolo Pasolini, el estilo suramericano es un “soccer poético”, mientras las escuelas europeas muestran un fútbol “de prosa”.
John Bale trae una nueva consideración: la geografía. El fútbol del hemisferio sur es caliente como su clima: más creativo , ingenioso, rítmico, dinámico. El del hemisferio norte es organizado, estático, eficiente, etc.
En cambio, Andrei Markovitz, profesor de la Universidad de Michigan, en su ensayo Las características nacionales no explican los estilos en soccer, predica todo lo contrario. Es cierto que, por ejemplo, el fútbol de los alemanes es “clínico y efectivo”, con su espíritu luchador modell deutschland. Pero los alemanes, según Markovitz, han pasado a ser de una de las naciones más belicosas , a ser ahora amantes de la paz. Pone el ejemplo de Holanda, que en la Copa del Mundo de 1974 deslumbró con un fútbol total. Esto obedeció a la filosofía futbolera de Rinus Michels, que, a la sazón, era entrenador del Ajax Ámsterdam, y a las habilidades extraordinarias de un jugador como Johan Cruyff, y no a cambios perceptibles en la sociedad holandesa. Así vemos que esta escuela pasó al Barcelona primero, y después a toda España, que en el Mundial de 2010 jugaron como los holandeses.
En lo que sí concuerda la mayoría de los estudiosos, es que cada país tiene una agenda que cumplir para ser anfitriones de una Copa Mundial. Alemania en 2006 quería reflejar una sociedad más diversa y cohesiva, no xenófoba. La de África del Sur en 2010 era también de una cohesión e identidad común nacional. En la Rusia de Putin de 2018, presumo, es recordarle al resto del mundo el poderío nacional, y a sus rusos, devolverles algo del orgullo de su pasado de potencia imperial.
El autor es empresario
