Para los que me conocen saben que el tema del fútbol no es precisamente mi pasión. Lo que acá comparto no es la expresión de un fanático del deporte, sino más bien la reflexión de un panameño que se siente parte de esta marea y que afirma, más allá de ello, que ahora el fútbol somos todos.
Panamá país no salió de la sorpresa en octubre del año pasado, cuando en un cardíaco partido el equipo triunfa sobre el equipo costarricense. De manera simultánea, Estados Unidos pierde con Trinidad y Tobago. Este improbable desenlace fue para la fanaticada una sorpresa. Lo que ocurrió fue casi una alineación estelar que alzó la real participación de Panamá en el Mundial Rusia 2018.
Esa noche la gente se lanzó a las calles y un gran jolgorio popular-negro, chombo, chino y cholo- celebró el triunfo del onceno hasta el amanecer. La celebración arrastró al Ejecutivo a emitir un polémico decreto presidencial que declaró, en la víspera, un día libre en el país. Las consecuencias económicas de esa decisión afectaron a la empresa privada y creó confusión en el sector público, e incluso a los que trabajaban en la operación del Canal de Panamá. Lo que ocurrió esa madrugada no supimos cómo ocurrió, pero sí pudimos explicar qué lo provocó. Lo del decreto fue simplemente resultado de la fiebre del fútbol.
El 1 de junio el equipo de fútbol partió para Oslo, vía Nueva York, para luego presentarse en suelo ruso para los partidos del Mundial. En la víspera, el presidente Varela en un acto simbólico en Palacio, entrega la bandera al equipo panameño. En las emisoras suena en jingle Sube, sube la marea. Los jugadores panameños son despedidos por sus esposas y familiares y el máximo representante de la Iglesia católica se une a la fiesta del fútbol, haciéndome sentir que lo que ocurría era un asunto de fe católica.
Retomo el pegajoso jingle y subo y sigo subiendo, en euforia y metáfora de este momento especial. Sube, sube la marea alude al efluvio marino de las costas y mares que bañan el istmo, a las olas de la barra roja que apoya y empuja al equipo panameño hacia el triunfo.
La composición de los hermanos Gaitán se alza como elemento clave en ese esfuerzo musical. Trece compositores, intérpretes y artistas panameños cantan la canción. “Es un momento histórico, de mucho orgullo para mí y satisfacción. Todo el mundo contribuyó, esto le empezará a dar la vuelta al mundo entero. Estoy muy contento, y con la esperanza de que los chicos vayan a dejar lo mejor de ellos a Rusia y con la responsabilidad de divertirse”, señaló Omar Alfanno.
Panamá es una tierra de confluencia y de antecedentes centenarios en una historia de transitismo perpetuo. Bajo esta visión, Afrodisíaco – el grupo panameño que se alzó con el triunfo en el Festival de Viña del Mar- cantó, realzando la identidad panameña con la composición Viene de Panamá. Estos versos cantados toman la inspiración del Siglo de Oro español de Lope de Vega, junto con el poeta panameño Demetrio Korsi, al ritmo del tambor norte y atravesao con arreglos electrónicos.
Antes de la construcción del Canal ya Panamá tenía un componente afrocolonial que se enriquece con la gran migración negra del Caribe y su carga cultural que hoy se funde en los más sentidos y reconocidos elementos de identidad. Panamá tiene en su tierra la mezquita más grande de la región. La presencia y el control del comercio y los negocios por una pujante comunidad judía. Panamá vio llegar al continente americano la primera migración de chinos, mezclando entre nosotros el mafá y el sabor del dim san dominical, bajo el fulgurante escenario de dragones rojos y dorados.
Soy de la opinión de que el enfoque de la celebración y despedida del onceno panameño debió tener un carácter inclusivo, para no decir uno ecuménico.
La expectativa y el nombre de Panamá a Rusia tienen un apellido complejo. Ese equipo representa a Panamá, una gran mezcolanza cultural que profesa diversas denominaciones religiosas. Colocar en el escenario a una sola denominación religiosa excluye de la fiesta del fútbol a las otras; que no se ven representadas en la complejidad del “ora pronobis peccatoribus”. Darle un tono excluyente implica no ser inclusivos en esta fiesta del fútbol, que es y pertenece a todos los panameños arropados en esta complejidad cultural y étnica que se llama Panamá.
El autor es ingeniero
