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ECONOMÍA DIGITAL

El futuro del comercio: El efectivo, el bitcóin y Panamá (I)

Hace poco caminaba por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y me topé con dos estudiantes que construían una bicicleta que se maneja sola. Me detuve a preguntarles para qué la construían, presumí que debía ser para un emprendimiento personal o un desarrollo para Google.

Su respuesta fue muy sencilla: es para un trabajo de robótica. Como entenderá, salí de ese breve intercambio pensando: con suerte sé montar yo bicicleta, ¿qué chance tengo de crear una que se maneje sola? ¡Sin duda vivo en el futuro!

Por eso, cuando me contactaron para escribir un artículo acerca de la criptomoneda bitcóin, otro instrumento del futuro, acepté con entusiasmo. Eso sí, como financista, antiguo empleado bancario y director de una de las más grandes empresas de pagos electrónicos, y actualmente como estudiante investigando el futuro de los medios de pago, no podía escribir solo acerca del bitcóin, me quedaría corto. Por ello, este artículo tiene tres partes, hoy una breve introducción a las ventajas del comercio electrónico sobre el efectivo; el siguiente será sobre el bitcóin y demás criptomonedas, y finalmente presentaré un análisis de cómo puede Panamá participar en este futuro.

La primera señal de alarma que vi en el efectivo fue cuando me enteré de que la primera moneda física se acuñó en el siglo VII a.C. No podía entender cómo en el futuro aún hacemos comercio como en la prehistoria. Y sí, entiendo que ser anticuado no es necesariamente malo, sin embargo, soy de los que piensa que el comercio en efectivo sí es malo. Permítame argumentarle.

El primer argumento lo llamo el lado oscuro del efectivo, presentado por el economista Ken Rogoff en su libro La maldición del efectivo. Un buen ejemplo para ilustrar este lado oscuro se encuentra en la serie El patrón del mal. En ella se ve cómo todos los maletinazos financieros del narcotráfico se hacen en efectivo; para los narcotraficantes dejar un récord electrónico de sus transacciones es impensable. Hoy en día no existirá Pablo Escobar, pero los millonarios maletinazos le preceden y solo existe un medio anónimo que los habilita: el efectivo.

Considere este dato del propio Rogoff: de acuerdo con la Reserva Federal, el 80% del valor de todos los dólares americanos en circulación es de denominaciones de 100. Vale la pena preguntarse, ¿quién tiene esos billetes y para qué los usa? Bastante documentado está que el dinero en efectivo habilita desde la más ilícita de las transacciones hasta la más simple, como la del ladrón común que vende la mercancía que hurta.

El segundo argumento es de integración económica. Tener un medio electrónico de pago, como una tarjeta de débito o una billetera electrónica para realizar transacciones diarias, aumenta la probabilidad de que el individuo ahorre dinero (Bachas, Gertler, Higgins, Seira. 2016) y además dichos medios sirven para crearle una identidad financiera al individuo. Luego, las instituciones financieras pueden estudiar esta identidad y otorgar créditos que permiten al individuo adquirir un hogar o iniciar un emprendimiento, todo ello a menor riesgo para la institución financiera y mejor precio para el individuo. Esto es imposible con un comercio en efectivo.

En India, el primer ministro Narenda Modi nos dio un ejemplo en 2016 con la política de desmonetización. Con ella sacó de circulación los billetes de alta denominación y habilitó una billetera electrónica gubernamental de acceso libre a los ciudadanos indios, formalizando así a millones y eliminando una buena parte de la economía subterránea.

Ahora, si el dinero electrónico es más confiable, seguro y espectacularmente bueno, ¿por qué no es aún ubicuo? Algunos argumentan que ello se debe a dos factores: El primero es la falta de confianza de la gente en las instituciones financieras centralizadas; el segundo es la falta de interés de las propias instituciones financieras de brindar servicios a los segmentos de la economía cuyas transacciones son de bajo valor monetario. Es entonces cuando en 2008, el misterioso Satoshi Nakamoto nos introduce la primera criptomoneda: el bitcóin, una moneda como el dólar o el yen, pero que es 100% electrónica y no requiere respaldo de un banco o de un gobierno central. De esto les contaré en la siguiente entrega.

El autor es financista y cursa una maestría en el MIT en Boston


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