La ley de la vida, nacer, crecer, independizarse, reproducir, aportar al desarrollo de tu familia, de tus seres queridos, de la sociedad, luchar por dejar un mensaje, una huella, un camino a seguir, preocuparte porque tus descendientes sean independientes y productivos.
La población está envejeciendo de forma acelerada en Panamá y en ciertas regiones del mundo, proceso demográfico que pocos vemos, y mucho menos nos interesa. Se considera persona adulta mayor a todo panameño o extranjero residente en el territorio nacional con 60 años o más.
El presidente Juan Carlos Varela sancionó y promulgó en Gaceta Oficial la Ley No. 36 del 2 de agosto de 2016, que establece la normativa para la protección integral de los derechos de las personas adultas mayores. La norma a través de la cual se establece responsabilidades al Estado que implican la modernización de las entidades involucradas en la implementación de políticas públicas orientadas hacia los adultos mayores.
Las personas adultas mayores de 65 años o más tendrán los siguientes beneficios: reducción del 50% del costo del pasaje individual en el transporte público a nivel nacional; un descuento de 50% en la entrada a eventos, conciertos y actividades culturales. Los promotores de eventos reservarán para los adultos mayores de 65 años o más el 10% de la entrada general hasta 15 minutos antes del inicio de la función.
Desde el año 1999 se habla de este importante tema, el Consejo Nacional del Adulto Mayor, creado mediante Decreto Ejecutivo No. 23 del 24 de junio de 1999, actualmente con la denominación de Instituto Nacional del Adulto Mayor, adscrito al Ministerio de Desarrollo Social.
A pesar de tener leyes no percibo una clara política de acción con estas personas, la proporción de personas en edad avanzada de 60 años o más sigue creciendo a un ritmo acelerado. Esta situación posiblemente provoque cambios sensibles en la seguridad social, el golpeado sistema de salud y la economía.
Los adultos mayores necesitan una atención integral, actualmente son más de 130 mil beneficiarios del programa 120 a los 65, con un gasto promedio de $169 millones.
El mayor detalle es la preparación que deben recibir estas personas antes de afrontar ese cambio de vida, la planificación, preparación y acompañamiento que deben recibir, fenómeno cultural, porque el resto de la población también debe ser orientada y concientizada para saber cómo tratar y convivir con los adultos mayores. Escenario triste, porque en muchas ocasiones pareciera que estos importantes panameños que durante más de cuatro décadas lucharon por aportar al país poco a poco se quedan solos y sin respaldo.
Otra situación precaria es la economía y las jubilaciones, por lo general bajas, que dificulta la compra de medicamentos en farmacias privadas, una de las razones por las cuales en muchas ocasiones obligan a que los adultos mayores jubilados sigan trabajando, sin olvidar aquellos que son abandonados a su suerte por sus familiares.
Considero que la política de Estado debe ser más eficiente y establecer alianzas de trabajo con instituciones públicas y privadas, específicamente instituciones de educación superior que por medio de sus estudiantes de práctica profesional, trabajo de grado y que sus egresados puedan colaborar para ofrecer una atención y orientación a los adultos mayores, profesionales como los gerontólogos y geriatras, especialistas poco aprovechados en Panamá.
Más que una crítica al sistema eminente en el cual vivimos, es un llamado a la reflexión y el autoanálisis, por que lo que sí es cierto es que todos tenemos o tuvimos unos abuelos, unos padres que pasaron por esa fase o que pasarán, sin olvidar que todos nosotros, si tenemos la bendición de Dios, llegáremos a esa fase.
El autor es profesor