La ganadería tradicional es la verdadera industria nacional, que transforma los pastos y forrajes en carne y leche, con un valor —según entendidos— de 3 mil millones de dólares aproximadamente, está muy afectada en este momento. Las razones: el monopolio que ejerce una empresa que sacrifica el 42% del total del ganado nacional de 326 mil reses (hembras y machos) en 2017 y además lidera las importaciones de carne y ganado en pie, desde Nicaragua, por casi 9 mil toneladas métricas por un valor de $43 millones, subiendo de 27% al 73% interanual (2015-2016), por supuesto, tener ganado propio en ese país que traen al nuestro para ser sacrificado en Las Tablas. Con esta importación de ganado vivo o en pie, la población panameña es sometida a un excesivo riesgo de salud pública, ya que el país de origen de estas reses, Nicaragua, tiene alta prevalencia de las zoonosis tuberculosis y brucelosis y además es país en riesgo para “el mal de las vacas locas”, contrario a nuestra ganadería, que es casi libre de ambas enfermedades y la más sana de la región.
Igualmente, dicha empresa es la mayor exportadora de nuestra carne bovina a Taiwan, Jamaica, Trinidad y Tobago, que representan el 70% del total exportado en 2017, por un valor aproximado de $20 millones. Los dirigentes de Anagan afirman que a estos mercados se envía la carne selecta de novillos menores de 24 meses de vida y a ellos (los ganaderos) no los beneficia en nada, porque no tienen acceso a ninguna ventaja competitiva al llegar a esos países, ya que la empresa, maneja o controla “todo” el mercado local, las importaciones y las pocas exportaciones, bajo un solo techo.
Esta distorsión económica ha provocado un descenso del precio que recibe el ganadero por el novillo gordo (entre 950 y 1,000 libras) en pie pagado en la subasta y la empresa a $0.90 centavos por libra en pie, o sea, a $1.85 por libra de carne en canal, mientras que por algunos cortes el consumidor en los minisúper paga $3.75 la libra y en las cadenas de supermercados mucho más. Según estadísticas del Ministerio de Comercio, el 60% de los consumidores a nivel nacional adquiere su canasta básica “al menudeo” en los minisúper y tiendas que totalizan aproximadamente 5 mil en todo el país y en su mayoría no ofrecen los productos que están bajo control de precios establecidos desde el inicio del actual gobierno para abaratar la canasta básica de alimentos, en especial los cortes de carnes (babilla, cinta con hueso, jarrete, costillas de pecho ni chuleta de la nuca de cerdos), mientras que los supermercados de las grandes cadenas sí los ofrecen, pero a ellos, casi no llegan los panameños de a pie a comprar el día día.
Una solución inmediata, viable, legal y comercialmente, es aplicar las medidas antimonopolio, anti dumping, fito y zoosanitarias denominadas “medidas no arancelarias” que permite el Acuerdo de Marraquesh, del cual somos parte por estar adheridos a la OMC (Organización Mundial del Comercio) desde 1995. Y a corto plazo cumplir con las exigencias del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) de adecuar los laboratorios de residuos tóxicos (matriz animal) del MIDA en Tocumen para realizar las pruebas que le hacen falta: residuos de antibióticos y hormonas, e igualmente certificar los mataderos y homologar algunas leyes y/o decretos nuestros en relación con los de Estados Unidos, en cuanto a vigilancia epidemiológica, y finalmente hacer efectiva la cuota anual de exportación de nuestra carne bovina, de 60 mil toneladas vigente desde 2011 en el tratado de promoción comercial (TPC) que desde hace siete años tenemos con este, nuestro principal socio comercial, que solo ha funcionado en una sola vía, favorable a ellos. De existir voluntad de salvar nuestra tradicional ganadería, se puede lograr. De lo contrario, nuestro atractivo mercado en dólares seguirá atomizado por otros agroalimentos, no solo la carne. Por último, la mayoría del guandú fresco en el arroz del fin de año pasado procedió de Perú. Así como vamos, el culantro y la hoja de bijao también serán importadas. ¡Que viva Panamá!
El autor es médico veterinario, exministro del MIDA, exlegislador de la República y consultor agropecuario.