Las mujeres y niñas de todas las edades hoy ven el mundo de una manera diferente, con más oportunidades que abordar a pesar de las tantas barreras que aún deben desafiar y vencer, no para dominar ese mundo sino para colocar soluciones diferentes a los problemas que vemos todos como conjunto.
Hace 30 años, la Declaración de Beijing marcó un hito en la lucha por la igualdad de género, impulsando el empoderamiento de las mujeres a nivel mundial. Una de las líneas de acción que se desprende de este acuerdo, y quizás la más importante, es garantizar su autonomía económica, a partir de lo cuál se establece una plataforma segura para su desarrollo pleno, que se refleja además en quienes se ubican en su entorno.
La realidad es que a pesar de estar adentrados en una supuesta madurez de estos acuerdos y que los logros son sin duda evidentes, la mujer a nivel mundial sigue representando los mayores índices de pobreza en todas las estadísticas, con un limitado acceso al trabajo formal, incluso al informal. Cifras del INEC de octubre de 2024 indican que en Panamá, por ejemplo, las mujeres empleadas informalmente se encuentran 2.6% por debajo de los hombres, renglón dónde se encuentra mayormente el emprendimiento, una herramienta clave para garantizar su autonomía económica y una salida de la pobreza.
El Índice Interno de Pobreza Multidimensional (IIPM) desarrollado por la Fundación Microfinanzas BBVA, con la participación de más de 4 millones de microempresarios latinoamericanos, evidencia de manera consistente que invertir en la promoción de medios de vida que garanticen la autonomía económica de las mujeres, a través de financiamiento para sus negocios, educación financiera y digital, sin perder de vista el fortalecimiento de sus habilidades blandas y liderazgo, permite que los negocios de las mujeres, quienes a pesar de las limitaciones emprenden cada vez más con menos, crezcan por lo menos un 15% y que más de la mitad de las mujeres empresarias evaluadas logren salir de la pobreza. Un número importante de esas mujeres son panameñas y hoy cuentan orgullosas sus historias de superación que les ha abierto las puertas de una vida mejor a sus hijos y a ellas mismas, aspirando perennemente a hacer más grandes sus negocios y sus sueños.
Por ello es importante que iniciativas de alto impacto, como el Plan de Empoderamiento Económico de la Mujer Indígena Panameña (PEMIP), así como otras iniciativas y políticas públicas en pro del desarrollo integral de la mujer corran un curso transversal en la historia del país, con la mirada puesta en un futuro digno para toda la sociedad con la mujer como impulso para ese objetivo común.
Fortalecer las redes de apoyo y promover la inclusión tecnológica y digital con ellas son estrategias clave para cerrar las brechas existentes. La inversión en formación digital y empresarial, así como la creación de plataformas que faciliten el acceso a mercados y financiamiento para las mujeres emprendedoras, pueden potenciar significativamente el papel de las mujeres en el desarrollo económico del país.
Este año, en el que se celebra un aniversario significativo del compromiso que revalorizó a la mujer en la sociedad, es necesario seguir estableciendo mecanismos para reducir las estadísticas negativas, colocando un acelerador en la tan ansiada sostenibilidad que dirige gran parte de la conversación de este siglo.
Si hoy día, según el último censo, las mujeres conforman el mayor porcentaje de la población panameña, y en promedio cada una convive con entre 3 a 4 personas por hogar, el impacto social y económico que generaremos como sociedad al garantizar las oportunidades que ellas requieren, podrá ser visible en próximas generaciones con mejores garantías sociales para todos.
El autor es director de Comunicaciones y Empoderamiento de la Mujer para Microserfin.
