Hace unas semanas visitó nuestro país la nueva vicepresidenta y canciller de Costa Rica, Epsy Campbell. Además de ser la primera mujer afrodescendiente americana en ocupar tan alta posición, es una mujer brillante, con una capacidad política extraordinaria, de ideas claras, que le permite a uno escucharla por tiempo indefinido.
Tuve la oportunidad y el privilegio de participar de una conversación en un grupo pequeño e informal a su llegada, y entre las muchas cosas interesantes que escuché me impactó una tesis perfectamente aplicable a nuestro país. Indicó que el nuevo equipo de gobierno abrirá el Estado a nuevas ideas y opciones, pues quienes producirán los verdaderos cambios serán los que ella llama “la generación de la luz”. Aquellos que hoy tienen 30 años o menos, que ya hacen sentir sus nuevas ideas y capacidad de aplicarlas.
Esta tesis me impactó. Primero, porque la expone una mujer negra, quien hace solamente unos días fue electa como vicepresidenta de Costa Rica, una de las democracias ejemplares del continente, producto de una revolución única cuyo primer acto al conquistar el poder fue renunciar a las armas y constituirse en el primer país desmilitarizado de América. En el momento en que nos conversaba podría haberse presentado como parte de un equipo de gobierno que produciría el gran cambio (la palabra favorita de todo político exitoso); sin embargo, nos dice que es la generación que viene subiendo - la que tiene hoy 30 años o menos - la que será la “generación de la luz”, la que pasará por las puertas que su equipo de gobierno abrirá para producir el gran cambio que su país requiere. O sea, que no habla del “yo”, sino que mira hacia la juventud que producirá el “nosotros” y la nueva Costa Rica.
¿No será esto lo que podríamos sentir también en nuestro Panamá? ¿No será que podamos abandonar las tesis de las conspiraciones imaginarias de todos los lados que nos convierten en enemigos de izquierdas y derechas para pensar en que todos somos “nosotros”, personas con pensamientos distintos, pero de una sola tierra nuestra, con una sola bandera y un solo himno, como lo que presentamos en Rusia? ¿No será que podamos –como escribió el amigo y patriota Carlos Iván Zúñiga– dejar de ser “fabricantes de denuncias” para convertirnos en personas que también tengamos la imaginación para crear un clima fraternal entre panameños y unirnos para el logro y afianzamiento de una sociedad “decente y moral”?
¿No será posible que los viejos luchadores hagamos docencia sobre la lucha perpetua que significa conservar y perfeccionar la democracia inspirando siempre con esperanza a la juventud -que viene subiendo con ideas frescas y nuevo vigor- a hacer ciudadanía a tiempo completo, ejerciendo con fuerza el poder ciudadano?
Hace solo un par de días nos juntamos todos: derechas, izquierdas, mujeres, hombres, jóvenes, viejos, y ejercimos nuestro poder ciudadano y tumbamos el aumento a la electricidad.
Yo sí declaro mi esperanza en los grandes cambios que producirán los de la “generación de la luz” con su amor a la libertad, su inteligencia, su valentía, ¡y su vigor!
El autor es fundador del diario ‘La Prensa’