FAMILIA

Sobre un género de comentarios

Una distinguida abogada ha comentado, por internet, las opiniones de una conocida escritora nacional, sobre los cambios culturales de hoy, relacionados con la sexualidad humana. Inicia sus comentarios con la frase: “Sabias son las palabras de...”, y menciona un hermoso nombre femenino de resonancias poéticas.

¿Y, cuáles son esas sabias palabras?

Pues, por lo que afirma, no corresponden a la sabiduría que el rey Salomón le pidió a Dios, en el célebre pasaje bíblico (1, R, 5.9) cuando el Señor le ofreció concederle lo que pidiera, y el rey pidió la sabiduría para identificar la diferencia entre el bien y el mal, y un corazón dócil para conducir su gobierno…

Y es que la citada autora enumera derechos y prácticas impuestos por la dinámica de los cambios que son aceptables, pues “la condición humana nivela todas las cosas”. ¿Aquellos cambios son, entonces, un bien o un mal? Sabias serían las palabras si reconocieran la verdad.

Empieza con el matrimonio homosexual, que “Se va a dar tarde o temprano”, como se dieron el divorcio, la igualdad jurídica de los hijos fuera del matrimonio con los del matrimonio, y el matrimonio interracial. Menciona, también, la legalización de la marihuana. Cambios, dice, que la Iglesia, las religiones y los fanáticos rechazan; pero son rebasados por la vida.

¿Dónde hallamos la sabiduría y el bien?

Todos los ejemplos señalados como cambios positivos tienen que ver con la familia. Y todos son malos y destructivos.

El divorcio siempre existió en la cultura occidental. Un mal menor, en algunos aspectos. Resultado de la debilidad moral del ser humano. De la falta de fe, diría un religioso.

Cualesquiera que sean las razones legales y aceptadas, el divorcio es un fracaso que afecta negativamente, hasta grados traumáticos, a los involucrados, especialmente a los niños.

Los niños fuera del matrimonio, “los de la otra”, son protegidos por la ley. Un mal menor. Y, la moda de nuestros días: los hijos de las adolescentes embarazadas. Hijos de padres que a nadie importan. ¿En dónde vemos sabiduría y bien? No en los manuales de educación sexual propuestos en las de leyes donde el condón vale más que el cultivo de la dignidad del cuerpo. No importa que la chica se prostituya; importa el condón, que no garantiza el sexo seguro ni el sexo sano.

La eliminación de las leyes contra el matrimonio interracial terminaron con una discriminación estúpida (hay discriminaciones necesarias). Y, ante la moda de la legalización de la marihuana, me pregunto si al promotor de esa idea no se le podía ocurrir algo más sabio.

Y del contranatural matrimonio sodomita, que parece ser el sueño dorado de las feministas radicales, me pregunto si se trata, acaso, de un sentimiento más de venganza contra la bíblica masculinidad del hombre.

El matrimonio entre personas del mismo sexo es una aberración antropológica que sexualmente degrada un acto natural creado por el Dios en el que no creen.

El autor es profesor universitario


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