Gobierno de fachada

El gobierno que encabeza Laurentino Cortizo, presidente de la República gracias a la postulación que hiciera el Partido Revolucionario Democrático, ha resultado y desembocado en un gran desencanto para quienes pensamos, dada su trayectoria de hombre público conciliador y pulcro, además de profesional y empresario exitoso en sus actividades privadas, que si bien existía un grave peligro de que su equipo y su partido desvirtuaran las aspiraciones ciudadanas que en su campaña se comprometió a satisfacer, llega a los últimos 24 meses de su gestión en franca impopularidad y descrédito.

No era fácil que con solo un 33.3% de la votación, el gobierno tenga la fortaleza necesarian para introducir las innovaciones prometidas, como la anhelada constituyente o, al menos, ciertos cambios indispensables y fundamentales; tampoco ha empeñado esfuerzos suficientes para que se avanzara en ese camino, gracias principalmente, a una asamblea oportunista y codiciosa y, como para salir del embrollo, impulsa un gran diálogo nacional llamado Concertación, que ha hecho denodados esfuerzos por aportar soluciones que han servido únicamente como paños de agua tibia; de modo que haciendo un magnífico diagnóstico, hasta ahora no ha tenido ninguna propiedad curativa de los males que nos aquejan; pero no es lo único.

La educación continúa con escuelas con piso de tierra, en tanto que las que ya tienen piso, antes del reinicio de clases están semi desvalijadas y muchas de ellas pendientes de mantenimiento, a pesar de la rutilante estrella de que se habló en campaña.

Para la Caja de Seguro Social, cuyo futuro es catastrófico, no ha habido más que amagos de buenas intenciones. Las reformas a la Constitución han quedado en el diagnóstico que elabora la Concertación y que seguramente terminará en solo eso: diagnóstico, sin receta ni medicinas.

No hay planeación en cuanto a la economía, ni estamos fortaleciendo nuestras ventajas comparativas como la logística o el turismo para los que, siguiendo concepciones oportunistas, sólo se contempla el diseño de medidas para pocos privilegiados.

Hay un éxito relativo en la justicia, con progresos importantes en las designaciones de las más altas magistraturas; a la que se han dado limitados recursos destinados a reforzar una estructura que se desmorona, a la que todos los gobiernos desde 1994 le rehusaron el presupuesto mínimo que debían destinarle, miopes del alcance del valor que tiene para las sociedades una verdadera justicia.

Y ahora, después de la celebración de elecciones internas del PRD, partido del gobierno, tenemos justificadas razones para pronosticar que hasta el fin del mandato iniciado en 2019, el actual gobierno se verá constreñido al baile de la vara, frente a una dirigencia partidaria controladora de la Asamblea Nacional, integrada por una mayoría oportunista, clientelar y mercantilista, en que la virtud de la lealtad, lejos de alinearse con el bienestar de la nación y de la sociedad, confunde el valor individual con el colectivo, creyendo que quien pone dinero en los bolsillos de una persona, es un gran político, e ignorando que no hay dinero que, saliendo de los bolsillos de los individuos, pueda pagar escuelas, carreteras, puentes, asistencia técnica a los agricultores, ganaderos, justicia, seguridad, salud y demás obras y programas insatisfechos, por lo que, faltando en estos últimos los recursos que en cambio se distribuyen abundantemente a los seguidores de los políticos corrompidos y corruptores, la institucionalidad se pierde, la delincuencia crece y la rebatiña se vuelve la regla en una sociedad que camina hacia el estadio primitivo del hombre en la naturaleza, al que se refieren Hobbes, Locke y Rousseau, que termina constituyendo un Estado al que entregan sus libertades por ser ya imposible vivir en la anarquía que condena al subdesarrollo permanente y absoluto.

Cuando esto pasa, la historia tiene reiterados ejemplos, los pueblos terminan sacudiéndose la pesada carga del modo que puedan, para lo cual se diseñaron las elecciones en las naciones civilizadas, cuyos procesos también se han llevado a fermentar en Panamá, por el virus del clientelismo que se inocula con vacunas que se llaman subsidios y provienen del gobierno nacional y, en los procesos electorales, del Tribunal Electoral.

Los tiempos son malos pero los remedios, ni se buscan ni se aplican, y el personal que está llegando a la enfermería de la administración pública, no viene a bien administrar sino a desvalijar y bajo esas condiciones, sólo ese personal irá de menos a más mientras el país y su pueblo seguirá enrumbado a menos y a nada. En síntesis, tenemos solo un gobierno de fachada.

El autor es abogado y fue magistrado del Tribunal Electoral


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