El periodo electoral hace surgir en la sociedad un grado de incertidumbre en torno a los pilares de la nación: seguridad nacional, educación, alza de la canasta básica, costo de la gasolina, etc.
En esta ocasión me detengo en el pilar educativo, tomando en cuenta una de las promesas del periodo presidencial actual, “establecer como obligatoria la educación secundaria en todo el país”. Uno se pregunta, ¿no es ya obligatoria? La realidad es que la Ley No. 47, ley orgánica de educación, decreta obligatoria la educación primaria pública, y de obligatoria asistencia a los menores entre 7 y 15 años, es decir, el nivel secundario no es obligatorio en su totalidad, solo a los estudiantes del nivel de premedia.
Dado que esta ley orgánica es la columna vertebral del sistema educativo panameño, opino que el sistema está desfasado; comparando la época de emisión de esta ley a la actual, resalta el drástico cambio en los valores de la familia. Por una parte antes era notorio el compromiso del educador con su profesión y sus estudiantes, el compromiso era educar con excelencia y disciplina; y en otra parte los valores eran el pilar del hogar; el respeto hacia cualquier profesional en esa época estaba intrínseco, y la familia luchaba por darle a sus hijos el más alto grado educativo que podía. Tener un profesional en el hogar era altamente valorado.
Hoy día se contemplan altos índices de deserción escolar en el nivel secundario, y las universidades se han encontrado con la necesidad de disminuir los puntajes de los exámenes de admisión para incrementar o mantener las matrículas.
Las universidades han incluido carreras respondiendo a la realidad panameña, pero hace falta el compromiso de la familia, así como la orientación por parte del docente a sus estudiantes para involucrarlos en la realidad laboral de Panamá; también hace falta una homogeneidad en el nivel educativo a la hora de impartir ciertas materias, ya que a pesa r de que hay un mismo currículo escolar, hay centros educativos que no lo cumplen a cabalidad.
Con todo lo expuesto, concluyo que la mayoría de los estudiantes graduados de secundaria de centros educativos estatales tienen conocimientos básicos que no llenan los requisitos o las expectativas a la hora de optar por una carrera universitaria o introducirse en el campo laboral. Recomiendo se incluya en futuras propuestas educativas un sistema que integre los siguientes componentes: familia, docente y estudiante.
La autora es estudiante de maestría en la UIP