“Lo que no se dice, no existe”, sostienen algunos, y es cierto: de lo que no se habla es como si no existiera, por mucho que a nosotros nos parezca muy tangible y hasta necesario. Eso es lo que pasa con las literaturas nacionales que, aunque cada escritor es independiente ante el papel en blanco y sus resultados, necesitan de la participación de estos para construir la memoria cultural del país.
El periodismo cultural hace un esfuerzo importante por hablar de Panamá, pero los medios de comunicación en general no están interesados en hacerlo en esos términos, lo que nos ha dejado tradicionalmente fuera de los circuitos culturales en el plano internacional, convirtiéndonos en la eterna desconocida de las letras hispanoamericanas. Si no hablamos de Panamá, lo harán otros con un sesgo interesado en tenernos como unos analfabetos funcionales, con un acusado desapego del conocimiento.
Ya hemos sostenido que es necesario que los fondos del Ministerio de Cultura se destinen, en una importante partida, a dotar a la cultura de “alas”, de la capacidad de viajar a las citas culturales de importancia internacional, pero que también permitan que las obras publicadas viajen dentro y fuera de nuestro territorio. La proporción de las obras dentro y fuera del país son muy necesarias, y muchas veces no se cuenta con el apoyo de la principal autoridad en materia cultural del país.
Mientras se busca hacer las políticas que propicien el viaje, los escritores seguimos escribiendo y hablando allí donde nos lleve nuestro oficio. Un buen grupo de escritores va representando nuestra literatura en importantes foros, en los que se nos ofrece la oportunidad de presentar desde nuestra perspectiva literaria todo lo que significa ser de Panamá, derrotando mitos y construyendo caminos que atraigan a los lectores y espectadores hasta nuestra cultura, aunque muchos prefieren que se nos vea solo como un país pegado aun un Canal, sin más mérito que el haber sido partido en dos.
El autor es escritor
