Aprender es el acto ingénito que, desde que nacemos, cual instinto de supervivencia, nos permite crecer y desarrollarnos para poder, en última instancia, ser autónomos e independientes.
La educación es un vehículo imprescindible en el proceso de formación del individuo.
Dentro del engranaje social y de la vida en comunidad, para que contemos con una sociedad sana y equilibrada, cada uno de los individuos que la componemos, debemos contar con un nivel apropiado de educación que propicie nuestro desarrollo individual y redunde en un beneficio colectivo.
Ante la relevante influencia de la educación en el contexto social, la discusión no debe ser restringida a lo que solemos llamar: comunidad educativa, sino que debe ser abordada, con una participación amplia, inclusiva, exhaustiva y comprometida, de la sociedad.
En la juventud recae, no solo parte de la responsabilidad, sino también de las consecuencias de un sistema educativo ineficaz.
Por eso, la juventud decide hacerse parte de la solución en el convencimiento de que se trata de un compromiso de todos.
El sentido de urgencia surge de la exacerbación de la crisis ante el cierre de las escuelas por la pandemia de la covid-19; ante los retos de cobertura con calidad; ante los pobres servicios públicos como luz, agua, comunicación, saneamiento y conectividad en las escuelas y, sobre todo, tras los resultados de pruebas como las del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) de la Organización para la cooperación y desarrollo económico (OCDE) que posicionan a Panamá entre los peores lugares a nivel mundial.
Ya, en 2018, Jóvenes Unidos por la Educación y egresados del Laboratorio Internacional de Incidencia Ciudadana (LIIC), elaboran un paquete de propuestas técnicas que identifican los principales retos en la educación en Panamá y ofrecen recomendaciones para abordarlos, que son presentadas a los aspirantes a la silla presidencial. “19 para el 19″, fue un evento inédito, donde los jóvenes fueron quienes explicaron a los candidatos sus propuestas, no sólo desde su experiencia de pertenecer a un sistema educativo heterogéneo que exacerba las desigualdades, sino con argumentos técnicos y científicos, para contribuir a solucionar un problema de arrastre de las últimas décadas y que continúa siendo un reto.
Mientras que el compromiso no se traduzca en acción, de nada sirve.
No es suficiente tener una sociedad comprometida: necesitamos tener una comunidad activa.
Las demandas que nacen desde una legítima necesidad deben ir acompañadas de obras que se hagan evidentes con los resultados esperados.
En las postrimerías de un quinquenio gubernamental, son los resultados educativos los testigos o los verdugos que juzgan el impacto de la acción gubernamental.
Al ser una sociedad democrática, el poder que otorga el pueblo a sus gobernantes debe ser retribuido con oportunidades de crecimiento y desarrollo, que se dan a través de una educación de calidad.
A escasos 3 meses de las elecciones presidenciales, Jóvenes Unidos por la Educación reafirma su compromiso como actor social, presentando un nuevo paquete de propuestas: “24 para el 24″, teniendo como precedente la experiencia en 2019.
Las propuestas educativas abarcan tres ejes temáticos: gestión e inversión; aseguramiento de la calidad y de la equidad; y formación docente, colocando en el centro al individuo, a fin de asegurar que cuente con una formación holística y pertinente.
El evento tendrá lugar en la casa de la democracia panameña, en el auditorio del Tribunal Electoral, mañana, 24 de enero, como sucedió hace un lustro. Todos los presidenciables han sido invitados. Se aspira que antepongan los intereses del país y demuestren, con su presencia, que sí están dispuestos a escuchar y a hacer de la educación, la gran prioridad nacional.
Su presencia también será una muestra de cuán comprometidos están con el presente y futuro de la juventud panameña.
El llamado general es a priorizar el desarrollo y la puesta en marcha del mejoramiento del sistema educativo en Panamá, cuyo impacto debe evidenciarse en el desarrollo de las capacidades individuales y colectivas de nuestro capital humano, cumpliendo así el sueño de dar a los panameños la educación con calidad y equidad que requerimos y merecemos.
El autor es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación

