Todos tenemos el derecho a la libertad de expresión, consagrado en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En este aspecto, es muy común escuchar la frase: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”, frase que defiende la libertad de expresión y que se atribuye erróneamente a Voltaire, cuando en realidad es de Helvecio, contemporáneo de Voltaire, y que paradójicamente no comulgaba con él.
Así como hablar es un derecho, también es una actividad terapéutica. Por ello, es común que las personas se reúnan en un restaurante o un bar para conversar sobre muchos temas. Me atrevo a decir que la política es la reina de las conversaciones, pero los temas van y vienen. Se habla de fútbol, moda, cine, música, y en todos los temas los conversadores son expertos, incluso en no pocas ocasiones comentan hechos de los que no están enterados.
Me viene a la mente el libro Cómo hablar de los libros que no se han leído, de Pierre Bayard. Lo que me hace recordar un meme muy gracioso que decía: “Pasamos de ser expertos en covid-19, ahora lo somos del conflicto de Rusia con Ucrania”.
Para mí, en este mundo actual donde proliferan las redes sociales y la inteligencia artificial, no las descalifico, pero sí recomiendo utilizarlas de manera inteligente y ética. Me resulta curioso que las personas, con solo el hecho de seguir a un influencer o porque leyeron dos noticias en las redes sociales, suelen atribuirse el derecho a llamarse expertos.
En lo personal, soy muy respetuoso de las opiniones de los profesionales que realizaron estudios universitarios o se especializan en un tema específico de las numerosas profesiones que existen y también de las personas que, de manera empírica sin estudios formales, han labrado una experiencia profesional al servicio de la sociedad.
Estimado lector, conversar es una actividad humana y una buena conversación es uno de los placeres más agradables que nos regala la vida, y que ninguna tecnología podrá reemplazar. Los invito a practicar una buena conversación, siempre en el marco del respeto y la empatía hacia el otro. Después de todo, es muy bonito aprender conversando al escuchar distintos puntos de vista, no necesariamente iguales al tuyo. Y lo mejor es que conversar es gratis.
El autor es profesor, abogado y periodista.
