En este Día Internacional de la Mujer, es bueno recordar a otras panameñas que abrieron caminos para ellas y para las que veníamos detrás. Es necesario rescatar y resaltar sus vidas, como lo hace el libro Pioneras de la ciencia en Panamá, coordinado por Eugenia Rodríguez Blanco, porque su labor ha sido ignorada y desvalorada con frecuencia. Sus historias son punto de partida para notar patrones y hacernos preguntas, como debemos hacer todos los que somos curiosos y críticos, como lo fueron ellas.
Antes de 1919, las escuelas eran segregadas por sexo. Tal fue la Escuela Normal de Institutoras, de donde egresaron Felicia Santizo, quien combinó arte y cultura con innovación educativa en comunidades colonenses; Etilvia Arjona, estudiosa de la educación superior y la traducción, y Ligia Herrera, geógrafa ocupada por las expresiones territoriales de la desigualdad. Ese año, la ley de coeducación permitió a Clara González, primera abogada panameña y luchadora por los derechos de las mujeres, ingresar al Instituto Nacional.
También estudió allí Lidia Sogandares, primera doctora panameña y cofundadora de la Asociación Panameña para el Planeamiento de la Familia. Años después lo hizo Reina Torres de Araúz, pionera de la antropología panameña. En la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena estudiaron otras, como Elsie Alvarado de Ricord, lingüista y primera directora de la Academia Panameña de la Lengua, o en colegios privados, como Rosa María Britton, médico y activista por la salud sexual. La Universidad de Panamá, inaugurada en 1935, recibió a hombres y mujeres. En ese año ingresaron Ofelia Hooper, científica social dedicada al cooperativismo en áreas rurales, y Carmen Miró, la demógrafa que mereció el Premio Mundial de Población de Naciones Unidas.
Todas continuaron estudios en el exterior y al regresar generaron investigación útil para combatir las inequidades que tanto les preocupaban. A partir de sus historias se puede seguir el hilo del activismo académico, el acceso a la educación para mujeres y el desarrollo de muchos campos del conocimiento en el país. Ellas abrieron senderos en los que plantaron semillas, formando estudiantes y aprendices. Su labor ha dado frutos en generaciones de panameños que siguen trabajando hoy por las mismas causas, enfrentándose a las mismas preguntas y cultivando los valores que ellas modelaron.
La autora es directora del Centro de Investigación Educativa de Panamá, especialista en estudios de género, cultura y educación, e integrante de Ciencia en Panamá
