En el mes de noviembre, afloran los sentimientos patrióticos de los panameños y se ven banderas ondeando en las casas y los vehículos; sin embargo, en muchas ocasiones se desconoce y se omite la relevancia de lo que involucra “hacer patria”.
Es común apreciar en las distintas regiones del país, la atención hacia la compra del atuendo típico o los desfiles, lo cual hace necesario diferenciar la verdadera repercusión y fondo civil que tienen estas palabras.
A la patria no se le ama y respeta verdaderamente, si viviendo en ella no se le ofrecen los mejores talentos, capacidades y esfuerzos para mejorar en todos los aspectos que la sociedad necesita, lo cual lleva inmerso que en vez de enseñarle a nuestros hijos que lo importante es el desfile y aspectos superficiales que tradicionalmente hemos alimentado, inculcarles lo que significan las fechas, los atuendos, los símbolos y él mismo, como ente de cambio para el país.
Haríamos y demostraríamos un alto amor patriótico si en este mes nos plantáramos ante las autoridades y políticos de nuestro país, para exigir justicia, seguridad, respeto a nuestros derechos como ciudadanos que laboramos decentemente para ganarnos el pan, alto a la corrupción e impunidad a los delitos que los ciudadanos nos estamos acostumbrando a ver como normales. Hacer patria es permanecer inconformes con la situación de violencia, de confrontación y de desigualdad que prevalece en un país que tiene los recursos.
Al final, aportar significativamente a nuestra patria se traduce en formar hijos de bien, en un país en donde en un alto porcentaje de familias no se diferencia quien es el padre y quien el hijo, debido a que no se separa el trato respetuoso entre adulto y menor de edad; se trata de cultivar y transmitir valores como la solidaridad, la honestidad y el amor al prójimo, lo cual permitirá comprender el sentimiento de los que menos tienen y los que sufren por la violencia y desigualdades sociales, pero principalmente ver en la cara de todos nuestros ciudadanos la esperanza de una patria mejor.
El autor es bibliotecólogo del Centro Regional Universitario de Veraguas de la Universidad de Panamá
