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Hacia el Otro Camino

Cuando escuches a alguien destilando odio hacia otros, observa detenidamente a quien lo expresa y cómo lo sustenta. Su expresión facial, su lenguaje corporal, sus gritos y sus palabras parecerán más un reflejo de sus propias desesperanzas que una crítica legítima. Todo esto revelará su intento de cubrir un posible terreno electoral perdido.

Es en este momento cuando el odio brota de la propia voz de quien lo profiere, de aquellos que intentan alimentarlo frente a una masa enardecida y engañada. Son aquellos cuyas palabras nunca concuerdan con sus acciones, quienes se aferran al fuero penal electoral para protegerse durante la campaña, el mismo fuero que los salvó de la cárcel años atrás. Prefieren hacer promesas de un futuro mejor y supuestos actos de desprendimiento en lugar de demostrar acciones concretas en el presente.

No pierden tiempo en asociarse con el entreguista, el político oportunista que busca ascender a cualquier costo, vendiendo su lealtad por asesorías o posiciones de poder, con la esperanza de emerger como el Ave Fénix, aunque no alcance ni siquiera el nivel de un pato.

Al final, forman parte del mismo sistema del que surgieron, aquellos que han dejado a la suerte a la ciudadanía: con servicios públicos deficientes, infraestructuras abandonadas, profesionales sin empleo, y un sistema de pensiones en crisis. El país se ha acostumbrado a elegir y poner en cargos públicos a quienes le han robado y siguen robando, perpetuando así un ciclo de corrupción y desidia.

Es en este punto donde surge la necesidad de trazar un nuevo camino. Uno que implique una drástica reducción de gastos innecesarios, un aumento en la recaudación sin recurrir a más impuestos, combatiendo la evasión fiscal y revisando los subsidios exorbitantes. Todo esto debe ir acompañado de un plan de inversiones en infraestructura, una reestructuración del sector productivo que promueva el crecimiento económico orientado hacia mercados internacionales, y el impulso a sectores como la logística, el turismo y la agroindustria. Se debe buscar recuperar la inversión extranjera directa, que actualmente está en declive, sin descuidar la urgente reforma del sistema de pensiones para hacerlo sostenible.

No podemos aspirar a un progreso real si seguimos repitiendo los mismos errores, como depender de préstamos para pagar salarios o subsidiar déficits. Necesitamos romper este círculo vicioso y fomentar un país productivo. La productividad nos llevará al desarrollo, pero para lograrla debemos atraer inversiones, lo cual a su vez requiere de pleno empleo, que a su vez se basa en la confianza, la transparencia y la rendición de cuentas del gobierno.

Además, es crucial implementar un programa de apoyo e incentivo para las más de 80 mil micro, pequeñas y medianas empresas que son el motor de nuestra economía, así como fomentar la creación de al menos 100 mil nuevas empresas en los próximos cinco años tanto a nivel nacional como local. También se debe ejecutar un programa nacional de aprendices para garantizar oportunidades de empleo para los jóvenes tanto en el sector público como en el privado.

Hay mucho por hacer, pero debemos elegir sabiamente este 5 de mayo. El Movimiento Otro Camino (Moca), su candidato Ricardo Lombana y su futuro equipo de gobierno representan la esperanza de un cambio real. ¿Que no tienen experiencia en corrupción, despilfarro de fondos públicos o promesas vacías? Esa es precisamente la experiencia que necesitamos dejar atrás.

Contamos con un sinfín de panameños decentes de todas las clases sociales que creen en la democracia y en el servicio al país, y eso es lo que realmente importa. Necesitamos líderes con voluntad, desprendimiento, honestidad y decencia, capaces de utilizar su experiencia y conocimiento para sacar al país del fango del clientelismo, la impunidad y la ineptitud.

Caminemos hacia otro camino con la misma ilusión que nos inspiró aquel sueño de progreso, adaptándolo a nuestras necesidades actuales. Porque lo verdaderamente preocupante no es la maldad de unos pocos, sino la indiferencia de los buenos. Pensemos en nuestro futuro y en el mejor Panamá para todos, y el 5 de mayo, votemos por él.

El autor es abogado y miembro de MOCA.


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