¿Hasta cuándo la guerra? Isaac Herzog habla claro sobre Irán y Gaza

A propósito de su visita a Panamá, el presidente de Israel, Isaac Herzog, explica en entrevista exclusiva con ‘La Prensa’ su visión sobre seguridad, amenazas regionales, conflictos en Medio Oriente y prioridades diplomáticas.

¿Hasta cuándo la guerra? Isaac Herzog habla claro sobre Irán y Gaza
El presidente del Estado de Israel, Isaac Herzog, realiza una visita oficial a Panamá. Foto/Cortesía

El presidente José Raúl Mulino anunció su visita mientras se encontraba en Azuero, en medio de una grave crisis de agua que afecta a la región. ¿Forma parte este tema de su agenda durante esta visita? ¿Cuál es el propósito principal de su viaje a Panamá?

Bueno, en primer lugar, me siento muy honrado y entusiasmado de ser el primer presidente de Israel en visitar Panamá. Panamá es un querido amigo de Israel. Panamá estuvo al lado de Israel durante la creación del Estado de Israel, y el presidente Mulino es también un amigo muy apreciado. Nos reunimos recientemente en Davos, en el Foro Económico Mundial, donde coincidimos en la importancia de fortalecer nuestra relación bilateral.

Esta visita se da en el contexto de la toma de posesión de la presidenta de Costa Rica. Y, por supuesto, estoy aprovechando esta ocasión para realizar también una visita oficial de Estado a Panamá. En cuanto al tema del agua, es un asunto que conocemos bien y en el que Israel ha desarrollado mucha experiencia. Si bien no soy un experto técnico, mi rol es abrir puertas y facilitar conexiones, para que empresas israelíes puedan compartir su conocimiento y trabajar junto al gobierno y al sector privado en Panamá, contribuyendo a enfrentar y ayudar a resolver la crisis hídrica.

La relación diplomática entre Panamá e Israel siempre ha sido buena, pero en los últimos meses ha adquirido un nivel de intensidad notable: Israel se ha pronunciado por la retención de barcos de bandera panameña en puertos chinos y Panamá ha manifestado su apoyo a Israel en el escenario de la guerra contra Irán. ¿A qué adjudica usted esa intensificación de los lazos diplomáticos entre ambos países?

Bueno, ante todo, debo señalar que, como jefe de Estado, no participo directamente en la conducción de asuntos políticos específicos.

Dicho esto, creo que este acercamiento también responde a una iniciativa del gobierno israelí, encabezado por el primer ministro Benjamin Netanyahu, y en particular del canciller Gideon Saar, quien ha puesto énfasis en fortalecer las relaciones con países amigos en todo el mundo. No se trata de un tema puntual, sino de una visión más amplia.

Históricamente, Centroamérica y América Latina han sido regiones cercanas y amistosas con Israel. En la última década, hubo gobiernos y corrientes políticas que se desplazaron hacia otras posiciones, pero hoy vemos una especie de reequilibrio en la región.

En ese contexto, muchos países reconocen que la situación de Israel está vinculada a la defensa de valores fundamentales, como la libertad y la seguridad frente al terrorismo. Y en ese sentido, Israel mantiene su compromiso con la protección de sus ciudadanos y con la lucha contra organizaciones terroristas.

Venezuela extraditó a Panamá al principal sospechoso del atentado terrorista al vuelo de Alas Chiricanas en 1994 adjudicado a Hezbolá. La justicia panameña tiene una enorme deuda con las familias de las 20 víctimas, 12 de ellas de la comunidad judía. Fue Israel el que confirmó la autoría de Hezbolá y 4 ciudadanos israelíes murieron. ¿Tiene Israel un interés especial en que se resuelva el caso y qué están haciendo al respecto?

¡Absolutamente! Estamos comprometidos con llevar ante la justicia a los responsables: a quienes perpetraron el ataque y utilizaron el terrorismo contra civiles inocentes. Es un caso terrible y profundamente trágico.

También surge una pregunta importante: ¿por qué Hezbolá, que supuestamente es un partido político en el Líbano, tiene presencia terrorista en Centroamérica y América Latina? Hace apenas dos años, se detectó la presencia de un operativo en Brasil. Eso nos lleva a preguntarnos: ¿cuál es su objetivo en la región? Lo mismo aplica a sus acciones contra ciudadanos en las Américas.

Creo que este caso ilustra claramente el desafío al que nos enfrentamos: una red que opera a escala global. Nos enfrentamos a un régimen en Teherán que invierte enormes recursos en actividades que terminan afectando a civiles inocentes en distintas partes del mundo.

Como han señalado diversos líderes internacionales, estas acciones han generado violencia y terror en distintos países, incluyendo América Latina. No se trata solo de ataques contra judíos, sino también contra valores fundamentales del mundo democrático, así como contra distintas comunidades, incluidos cristianos y musulmanes moderados.

Por eso este caso es muy importante: no solo para hacer justicia, sino también para enviar un mensaje claro contra la impunidad. Asimismo, plantea la necesidad de abordar el papel de actores que, desde Irán, han sido señalados como fuentes de apoyo a actividades terroristas a nivel global.

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha tenido un costo económico muy importante alrededor del mundo, y es por ende, una guerra muy cuestionada e impopular. ¿Cuál es el principal objetivo de Israel en esta guerra?

Queremos asegurarnos de que Irán no tenga armas nucleares. Ahora bien, esto es muy peligroso. Si este imperio del mal tiene capacidades nucleares, es un gran peligro para el mundo, un gran peligro para Europa y un gran peligro para el Medio Oriente e Israel.

Por eso el presidente Trump tiene tanta razón al alinearse con nosotros y con otras partes de la región que han estado advirtiendo al mundo sobre el comportamiento de tendencia comunista de Irán y su atroz actividad terrorista. Recuerden, hay apoderados: los hutíes en Yemen, Hezbolá en el Líbano, Irak y, por supuesto, Hamás. Esta es una maquinaria de guerra que toma el dinero y la comida de la boca de la gente y lo gasta en terrorismo.

Y esto es algo de lo que el mundo debería despertar y entender: estamos aquí para luchar juntos. Se puede discrepar con Israel en política. Eso es legítimo.

Somos una democracia. De hecho, estamos teniendo elecciones ahora en Israel. Pero creo que parte de mi visita es transmitir el mensaje de que estamos aquí para colaborar con Panamá y otros países para hacer el bien en el mundo.

¿Cuánto tiempo se puede prolongar esta guerra y sus efectos alrededor del mundo?

Depende. En este momento, las tensiones son muy altas en el Golfo, donde el presidente Trump está intentando garantizar que los buques de carga y los petroleros puedan operar y transportar recursos con normalidad, mientras que Irán busca desafiar de distintas maneras la presencia militar de Estados Unidos.

Por lo tanto, no está claro cuánto tiempo podría durar esta situación. Sin embargo, es fundamental que la comunidad internacional ejerza presión sobre Irán para que retome un curso responsable.

En ese sentido, es clave impedir que sus programas de misiles alcancen niveles como los que se han planteado, de hasta 20,000 misiles balísticos. Estamos hablando de un arsenal considerable, donde cada misil tiene una capacidad destructiva equivalente a grandes cantidades de explosivos.

Por eso, es esencial garantizar que este tipo de capacidades no se desarrollen ni se mantengan.

Los países árabes del golfo han sido atacados por Irán en esta guerra. Emiratos Árabes Unidos reveló que Israel ayudó a su defensa con el sistema de “Cúpula de Hierro” y que nunca lo olvidarán. Cómo resultado de esta guerra, pudiera emerger una segunda parte de los “Acuerdos de Abraham” especialmente una que incluya a Arabia Saudita?

Es una aspiración que tengo. Creo que estamos ante uno de los cambios históricos más importantes de nuestra era. Quiero reconocer a los Emiratos Árabes Unidos por su valentía al sumarse a los Acuerdos de Abraham, así como a Marruecos y Baréin.

También hemos visto el interés de otros países, como Kazajistán, que recientemente visité. Se trata de un país musulmán moderado, con un gran potencial.

Mi esperanza es que cada vez más naciones se sumen a los Acuerdos de Abraham y a este proceso de acercamiento, avanzando hacia un cambio real que permita romper los vínculos con el extremismo y abra el camino para una convivencia más estrecha entre musulmanes y judíos en la región.

Tras los acontecimientos del 7 de octubre de 2023, gran parte del mundo occidental expresó su solidaridad con Israel. Sin embargo, después de la respuesta militar de Israel en Gaza, ese nivel de apoyo diplomático comenzó a disminuir. El primer ministro Benjamin Netanyahu enfrenta ahora una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional, lo que ha afectado aún más la reputación internacional de Israel. Como jefe de Estado, ¿realiza usted algún tipo de autoevaluación sobre cómo Israel respondió al ataque? Como jefe de Estado, ¿participa usted en asesorar sobre cómo Israel respondió a este ataque?

Mire, somos una democracia con una de las libertades de expresión más amplias del mundo. Contamos con una Corte Suprema muy sólida, y los ciudadanos pueden manifestarse y expresar sus opiniones libremente. Quiero dejar eso muy claro.

Sé que las Fuerzas de Defensa de Israel actuaron conforme al derecho internacional, y si hubo posibles irregularidades, fueron investigadas de manera exhaustiva. Pero en una guerra también hay que entender el terreno. Gaza no es solo una ciudad en la superficie; debajo existe una infraestructura extensa de carácter terrorista. Se han construido túneles que se extienden por kilómetros y kilómetros.

Uno de los rehenes me contó que fue trasladado durante 13 horas de un punto a otro, lo que da una idea de la magnitud de esa red subterránea. Gran parte de los recursos que la comunidad internacional destinó para ayudar a la población de Gaza fueron utilizados para construir esa infraestructura.

Cuando se busca rescatar a los rehenes —más de 200 personas que han estado retenidas durante largo tiempo— y desmantelar los sistemas de lanzamiento de misiles, las operaciones se desarrollan en zonas donde vive la población civil, ya que los túneles están conectados con viviendas, comercios e incluso cementerios.

Esto genera una situación muy dolorosa. Se han tomado medidas para advertir a la población civil, utilizando distintos medios para instarles a evacuar. Sin embargo, en algunos casos hay combatientes de Hamás que permanecen en esas zonas, lo que agrava la tragedia.

Hoy hay negociaciones intensas en curso, y espero que den resultados. La comunidad internacional debería enfocarse en la siguiente fase, que implica avanzar hacia una solución que incluya la desmilitarización de Hamás. Sin embargo, hasta ahora Hamás ha rechazado esa posibilidad.

Para el mundo la cara del poder en Israel es la de su primer ministro: Benjamin Netanyahu y su coalición que incluye a partidos de extrema derecha. ¿Qué roles o competencias tiene usted como presidente de Israel para la cohesión interna de su país, así como su imagen a nivel externo?

No es fácil.

Estoy plenamente comprometido con nuestra causa, que es fundamental: la del Estado-nación del pueblo judío, una nación con profundas raíces históricas, que busca llevar un mensaje de paz y esperanza para las futuras generaciones.

Pero nosotros no buscamos esta guerra. No la provocamos. Fuimos atacados el 7 de octubre por miles de terroristas que irrumpieron en nuestras fronteras y perpetraron actos de extrema violencia contra civiles, incluyendo personas mayores y niños.

Muchas de las comunidades afectadas eran precisamente algunas de las que más apoyaban la convivencia y la paz. Lo que ocurrió fue devastador y cambió profundamente nuestra realidad.

A partir de ese momento, Israel respondió con determinación. Hemos enfrentado a organizaciones como Hezbolá y Hamás, y también a otros actores en la región. Al mismo tiempo, creemos que este contexto puede abrir la puerta a una nueva etapa, con mayores oportunidades de cooperación entre Israel y los países árabes moderados, en favor de un futuro más estable.

Los niveles de antisemitismo alrededor del mundo han escalado notablemente desde la guerra de Gaza. ¿Qué le contestaría usted a aquellos que dicen que se trata de una respuesta a la forma en que Israel peleó la guerra? ¿Cómo distinguir una cosa de la otra: las críticas legítimas a Israel del antisemitismo?

Creo que este tema está directamente relacionado con lo que usted menciona sobre los procesos judiciales internacionales contra el primer ministro Netanyahu. Desde nuestra perspectiva, se trata de una situación profundamente equivocada: un líder democrático tomando decisiones en un contexto democrático para proteger a su población, enviar a su ejército a desmantelar las capacidades de organizaciones terroristas y traer de vuelta a sus ciudadanos. Sin embargo, vemos instancias que, en nuestra opinión, están politizadas y que adoptan decisiones cuestionables, sin reconocer plenamente el derecho a la legítima defensa.

Por eso considero que la comunidad internacional debería mantener una posición firme en este tema y entender el contexto más amplio en el que se desarrollan estos acontecimientos.

Al mismo tiempo, existe una narrativa que presenta muchas expresiones como si fueran simplemente críticas a Israel, cuando en realidad, en numerosos casos, lo que estamos viendo es antisemitismo. Esto se refleja en ataques y hostilidad contra comunidades judías, estudiantes, académicos y ciudadanos judíos en distintas partes del mundo. Es algo que observamos con preocupación creciente.

Dicho esto, Israel, como cualquier país, no está exento de críticas. La crítica es legítima en el ámbito del debate democrático. Sin embargo, esa crítica debe darse a través del diálogo y el respeto, y no mediante la deslegitimación del derecho de Israel a existir ni de su derecho a defenderse.

Invitaría a sus lectores en Panamá y en el mundo a ponerse en esa situación: imaginar lo que significa vivir bajo la amenaza constante de ataques, con sirenas de alerta y riesgos permanentes. En esas circunstancias, cualquier país buscaría proteger a su población de la manera más firme posible.

Muchos analistas sostienen que los acontecimientos del 7 de octubre asestaron un golpe significativo a las perspectivas de una solución pacífica de dos Estados entre Israel y Palestina, particularmente en medio del reciente giro político hacia la derecha en Israel. A su juicio, ¿sigue siendo viable la solución de dos Estados, o existen marcos alternativos que puedan ayudar a resolver —o al menos mitigar— el conflicto? Al mismo tiempo, Panamá sigue siendo el único país de la región que no reconoce formalmente al Estado de Palestina, una posición que ha generado críticas desde diversos sectores. ¿Qué tan relevante es este tema para Israel?

Son varias preguntas.

En primer lugar, consideramos que la posición de Panamá ha sido comprendida también por otros países. Durante años se buscó avanzar en un proceso pacífico con los palestinos, pero en múltiples ocasiones ese proceso se vio interrumpido por la violencia y el terrorismo, lo cual ha tenido un impacto muy profundo en nuestra sociedad.

Recuerdo que, en una intervención ante el Congreso de los Estados Unidos, meses antes del 7 de octubre, señalé precisamente que la persistencia del terrorismo hacía muy difícil avanzar hacia una solución. Para nosotros, el terrorismo es inaceptable.

Ese contexto también ha influido en la dinámica política interna de Israel, donde se han producido cambios en las preferencias del electorado. Sin embargo, Israel es una democracia, y el panorama político puede evolucionar; las elecciones siempre abren la posibilidad de cambios.

Muchos israelíes se cuestionan la viabilidad de un Estado palestino cercano si no existen garantías claras de seguridad. Lo ocurrido en Gaza, tras la retirada israelí y bajo un marco internacional reconocido, generó una gran preocupación, especialmente por la escalada de violencia posterior. Este es hoy un debate central dentro de la sociedad israelí.

Dicho esto, existen distintas alternativas sobre la mesa, incluida la solución de dos Estados. Pero su viabilidad dependerá en gran medida de las condiciones de seguridad, de las decisiones de las partes involucradas y de las nuevas realidades regionales.

En ese sentido, considero que cuanto más avance el proceso de normalización en la región, como el que representan los Acuerdos de Abraham, mayores serán las posibilidades de abrir un horizonte político también con los palestinos.


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