Nada como buen sarcasmo para empezar este año. Dice Simon Jenkins, del diario The Guardian: “Negar que Gran Bretaña lava dinero es como negar que Rusia envenena a espías”. Su artículo, de octubre de 2018, titulado: “Londres se mantiene como un refugio seguro para la plata sucia del mundo”, es uno más, de las decenas que se han escrito señalando la hipocresía de la nación británica sobre su rol, muy consciente, como paraíso financiero y legal para empresarios corruptos, lavadores de dinero del narcotráfico y en general para la peor estofa que sienta, por ejemplo, que Estonia o un banco danés no son lo suficientemente pijos para lavar su dinero y mantener su imagen de criminales con clase. Estos últimos prefieren Londres (The City).
Meses después de la publicación de los infames Panama Papers, varios países del primer mundo arrestaron a sus evasores fiscales, pero en Gran Bretaña, dice Jenkins, los miembros prominentes y adinerados de la comunidad no fueron imputados por la Agencia de Rentas y Aduanas de su Majestad (Her Majesty’s Revenue and Customs o HMRC). El HMRC prefiere meter miedo y usar como medida disuasoria el daño a la reputación en vez de mandar a delincuentes de cuello blanco a prisión. Una escena que se repite en todos los países de la Unión Europea (UE).
El autor se refiere a la admisión pública por parte de HMRC, en septiembre del año pasado, de que miembros poderosos de la alta sociedad -incluyendo celebridades- escaparon de la justicia a pesar de sus delitos financieros. Esto lo confirma la reportera Rachel McGrath, del Huffington Post (UK), en su artículo titulado: “HMRC admits letting ‘powerful’ people get away with financial crimes” (septiembre de 2018). Pero acá nos tienen obligados, los británicos y los países de la Unión Europea, a pasar leyes y regulaciones de todo tipo para no caer en sus listas negras y ser considerados como unos parias.
Dice Jenkins: “si otros países permiten que su riqueza sea robada, eso no es problema de Gran Bretaña, pero convierte a los británicos en cómplices de la más grande cleptocracia del siglo”. “La legalidad de las operaciones no es defensa para la moralidad deplorable que exhiben los británicos”, acota Jenkins. Blimey! ¡Qué fuerte!
A raíz del brexit, saldrán billones de libras esterlinas de la economía británica. Presumo que cualquier dinero que entre, sucio o no, será bienvenido y puesto a circular rápidamente para evitar que los bancos y el mercado de bienes raíces colapsen. Qué fácil es culpar a los demás y qué sinvergüenzura es tirar la piedra y esconder la mano. Prats!
Reza el axioma jurídico que “a confesión de parte, relevo de pruebas”. La agencia de noticias Reuters publicó el 13 de enero de 2019 (¡este año!): “El Ministerio de Finanzas británico creará una fuerza especial para atacar el fraude, la corrupción y la plata sucia. El ministro del Interior, Sajid Havid, afirmó: “Necesitamos tomar acciones en todos los frentes para eliminar a los estafadores corruptos que se llenan los bolsillos con dinero sucio y viven en lujo a costa de los ciudadanos que cumplen con las leyes”. Denle un premio Nobel.
Espero que este artículo sea una muestra más de que aquellos países europeos que acusan a Panamá de un sinfín de actitudes criminales son unos hipócritas, incluyendo a Gran Bretaña. No obstante, por admiración al pueblo británico que, en forma valiente y estoica, aguantó todo lo que le tiraron los nazis desde julio de 1940 hasta septiembre de 1941, durante la Batalla de Inglaterra -a diferencia de sus vecinos de enfrente (que se rindieron en menos de seis semanas)- y que con su gallardía cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial dejaré, con este escrito, de criticarlos.
Insisto, en vista de que la retorsión no es una baraja que nuestro gobierno quiere usar, Panamá debe liderar un bloque de protesta en defensa de la soberanía y el derecho a la autodeterminación de los países en América y el Caribe -miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA)- que están siendo atacados por la Unión Europea y sus organismos lacayos. Actuando de esta forma perderemos la imagen de los países bananeros indefensos, que pueden ser obligados a acatar normas que van en contra de sus intereses. De esta manera podremos ganar influencia (leverage) con los países poderosos de nuestra región para exigir y no ser exigidos. Solo así podremos ponerle fin al acoso a Panamá de los países europeos y sus sicarios financieros.
Panamá no merece estos ataques que buscan socavar nuestra dignidad y afectar la estabilidad económica de un bastión del capitalismo y de la democracia en una región plagada de Estados fallidos y de izquierdas.
El autor es abogado